14 de mayo de 2025 a las 09:35
La Verdad Oculta de Veracruz
La sombra de la violencia electoral que se cierne sobre Veracruz ha desatado un torbellino de especulaciones y análisis, apuntando directamente a la gestión del exgobernador Cuitláhuac García. Es difícil imaginar al actual titular del Cenegas defendiendo las acciones (o la falta de ellas) que marcaron su periodo al frente del estado. Ni la presidenta, y mucho menos Rocío Nahle, estarían dispuestas a escuchar justificaciones a posteriori. El respaldo que Claudia Sheinbaum ofreció a García Jiménez durante la mañanera no hace más que confirmar la vieja máxima de que "la ropa sucia se lava en casa". Aunque la decepción de la presidenta sea palpable, mantener la unidad del partido es primordial, y sacrificar a un "pez gordo" como García Jiménez no parece estar en los planes. Hay batallas que se libran en la intimidad del poder.
La discreta posición de Cuitláhuac García en el organigrama federal habla por sí sola. Recordemos las ambiciones del exgobernador, quien en su momento pregonaba su inminente llegada a la Secretaría de Educación Pública o a la de Energía. Unas aspiraciones que se desvanecieron como humo en el viento. Si bien es cierto que García Jiménez estuvo en la mira para un cargo de mayor envergadura, la balanza se inclinó en su contra cuando los informes sobre su gestión en Veracruz llegaron a oídos de la presidenta. La falta de resultados, sumada a la nula contribución a la victoria de Rocío Nahle, sellaron su destino.
La herencia que García Jiménez dejó a Nahle es una pesada carga. Inseguridad rampante, desfalcos documentados por la Auditoría Superior, agujeros financieros inexplicables, nóminas infladas y un sistema educativo a la deriva, son solo la punta del iceberg. Es comprensible que tanto la presidenta como la exsecretaria de Energía prefieran mantener distancia con el exgobernador. La prudencia de Nahle se pone a prueba cada vez que se le interroga sobre la gestión de su antecesor. Sin embargo, la institucionalidad prevalece, al igual que la discreción de la presidenta en sus conferencias matutinas. Algunos temas se resuelven puertas adentro, lejos del escrutinio público.
El clima de tensión en Veracruz ha llevado a Palacio Nacional a emitir una instrucción clara: vetar cualquier acercamiento entre el exgobernador y la presidenta. Una medida similar a la aplicada con figuras como Cuauhtémoc Blanco y Félix Salgado Macedonio. Por ahora, la prioridad es contener la ola de violencia electoral que amenaza con desbordar la renovación de las alcaldías. Federación y gobierno estatal trabajan a contrarreloj, con la esperanza de que el despliegue de 3,500 elementos de la Guardia Nacional logre restablecer el orden y la tranquilidad.
El futuro político de Cuitláhuac García se presenta incierto. La opacidad que rodea su actual posición, las interrogantes sobre su gestión y el distanciamiento con las altas esferas del poder, configuran un panorama complejo. Solo el tiempo dirá cuál será el próximo capítulo en la trayectoria del exgobernador. Mientras tanto, Veracruz se debate entre la violencia y la incertidumbre, a la espera de un futuro más prometedor.
Fuente: El Heraldo de México