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14 de mayo de 2025 a las 05:10

Jueces empáticos: ¿Revolución judicial?

La justicia en México se encuentra en un momento crucial de transformación, un punto de inflexión donde la empatía y la inclusión se alzan como pilares fundamentales para un futuro más equitativo. Las palabras de Sara Herrerías, candidata a ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, resuenan con fuerza en este contexto, encendiendo un faro de esperanza para aquellos grupos históricamente marginados. Su llamado a una justicia empática, que mire a los ojos del dolor y la vulnerabilidad, no es solo una declaración de intenciones, sino una hoja de ruta hacia una sociedad más justa y compasiva.

En un país marcado por profundas desigualdades, donde la violencia y la discriminación han dejado cicatrices imborrables en comunidades enteras, la perspectiva de una Suprema Corte sensible a las realidades de los más vulnerables se presenta como un bálsamo. La visión de Herrerías, centrada en la protección de los derechos de indígenas, migrantes, mujeres, niños, adolescentes y personas de la comunidad LGBTQ+, representa un paso crucial hacia la construcción de un sistema judicial que realmente represente a todos los mexicanos, sin importar su origen, identidad o circunstancias.

Su participación en el foro con estudiantes del Centro de Estudios Superiores CTM Justo Sierra O’Reilly, en Mérida, subraya la importancia de involucrar a las nuevas generaciones en esta transformación. La reforma judicial, al abrir las puertas a jóvenes aspirantes a jueces, magistrados y ministros a través del voto popular, ofrece una oportunidad única para democratizar el acceso a la justicia y construir un sistema más representativo de la diversidad del país. Es en estas aulas, en estos diálogos, donde se siembra la semilla de un futuro judicial más inclusivo y comprometido con los derechos humanos.

La promesa de Herrerías de aportar una interpretación de las leyes a la luz de los derechos sociales, teniendo siempre presente la perspectiva de género, interculturalidad y diversidad sexual, no se queda en la teoría. Su compromiso se traduce en la búsqueda de una justicia concreta, tangible, que se aleje de la abstracción y se sumerja en las realidades de quienes más la necesitan. Se trata de una justicia que no solo sancione, sino que también repare, que no solo castigue, sino que también proteja.

Su énfasis en la necesidad de que los impartidores de justicia "se pongan en el lugar del otro", de que comprendan el sufrimiento y las circunstancias de las víctimas, trasciende la simple retórica. Representa un llamado a la humanización del sistema judicial, a la construcción de un espacio donde la empatía no sea una excepción, sino la regla. Donde la escucha atenta y la comprensión profunda de las realidades de las víctimas sean la base para la toma de decisiones.

El camino hacia una justicia verdaderamente empática es largo y complejo, pero las palabras de Sara Herrerías iluminan el sendero. Su compromiso con los grupos históricamente excluidos, su visión de una Suprema Corte sensible y comprometida con los derechos humanos, y su llamado a la humanización del sistema judicial, representan un paso firme hacia un futuro donde la justicia sea un derecho accesible para todos, sin importar su condición. Es una invitación a construir, juntos, un México más justo, más equitativo y más humano.

Fuente: El Heraldo de México