14 de mayo de 2025 a las 22:05
Homenaje a Pepe Mujica en el Congreso
El eco de la noticia resonó en el hemiciclo, un silencio denso y cargado de respeto que precedió a una ovación vibrante. José "Pepe" Mujica, el expresidente uruguayo, el hombre que tejió su leyenda con la humildad de un campesino y la sabiduría de un estadista, había emprendido su último viaje. El cáncer de esófago, esa enfermedad silenciosa e implacable, se lo llevó el martes, dejando un vacío en la política latinoamericana que difícilmente podrá llenarse.
La Comisión Permanente del Congreso mexicano, en una muestra de profunda admiración, rindió un sentido homenaje. Un minuto de silencio, un minuto de aplausos, un reconocimiento que trascendió las fronteras partidistas y unió a legisladores en un mismo sentir: la pérdida de un gigante.
Las palabras de Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva del Senado, resonaron con emoción contenida. Recordó al guerrillero, al hombre que soportó 12 años de prisión, 12 años de torturas, maltratos y violaciones a sus derechos humanos, simplemente por pensar diferente. No escatimó elogios al describir a Mujica como un líder social extraordinario, un ser humano excepcional, un político con una congruencia a prueba de balas. Su austeridad, convertida en símbolo, no fue una pose, sino el reflejo de una filosofía de vida centrada en la justicia social y el bienestar de los más necesitados.
Rubén Moreira Valdez, coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, se sumó al coro de voces que lamentaron la partida de Mujica. Lo definió como un hombre luminoso, generoso, con una visión clara de la solidaridad entre los pueblos. Destacó su profundo amor por la humanidad, su resiliencia ante la adversidad y su compromiso inquebrantable con los pobres, incluso después de haber sido víctima del ejército. Su salida de prisión, tras 13 años de cautiverio, no lo llenó de rencor, sino que fortaleció su convicción de luchar por un mundo más justo.
La diputada federal Lilia Aguilar Gil, del Partido del Trabajo, recordó a Mujica como un militante de la vida austera, un sobreviviente de la cárcel y la represión, un símbolo de humanismo. Su figura, más allá de la política, se convirtió en un faro de esperanza para quienes creen en un mundo mejor.
Más allá de las anécdotas sobre su viejo Volkswagen escarabajo o su sencilla chacra, Pepe Mujica nos deja un legado invaluable: la demostración de que la política puede ser un instrumento de servicio, que la austeridad no es sinónimo de pobreza, y que la coherencia entre el decir y el hacer es posible. Su ejemplo resonará por generaciones, inspirando a quienes sueñan con una Latinoamérica más justa y solidaria. Su voz, aunque apagada, seguirá resonando en los corazones de quienes creen en un mundo mejor. Un mundo que, sin duda, él ayudó a construir.
Fuente: El Heraldo de México