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14 de mayo de 2025 a las 22:20

Despierta con el mundo: ¡Café!

El aroma a café inunda las mañanas mexicanas, un ritual casi sagrado que se repite en millones de hogares. Con un promedio de 2.6 tazas diarias por persona, la bebida se consolida como un elemento esencial en la cultura nacional. El café soluble, práctico y accesible, reina en el 84% de las casas, pintando un panorama de la cotidianidad en el país. Sin embargo, este hábito, tan arraigado en la sociedad, adquiere matices distintos al analizar el consumo entre los jóvenes. Universitarios inmersos en largas jornadas de estudio, recurren a la cafeína como un aliado para mantenerse despiertos y concentrados. Tazas de café, té e incluso refrescos se convierten en la fuente de entre 139.7 y 417.3 mg de cafeína al día, una cifra que invita a la reflexión sobre los posibles efectos en su salud a largo plazo.

Este panorama se complementa con datos reveladores de Kantar, que indican un consumo anual per cápita de 1.750 kg de café. Un número que nos habla de la profunda integración de este producto en la dieta mexicana y que nos lleva a preguntarnos: ¿somos conscientes de la cantidad de cafeína que ingerimos diariamente? Más allá del café, el estudio sobre patrones de consumo de bebidas en adolescentes revela una realidad aún más compleja. El 51.2% de los jóvenes consume café regularmente, pero un porcentaje significativo también recurre a refrescos de cola (46.3%), bebidas energéticas (29.8%) y té (23.7%). Un cóctel de cafeína que, sumado a otros factores, puede tener consecuencias importantes en su desarrollo.

La Revista Médica del Hospital General de México, en un estudio consultado por el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), corrobora la importancia del café como principal fuente de cafeína en la dieta global. El 80% de los adultos en el mundo consume entre 200 y 300 mg de cafeína al día, equivalente a la impresionante cifra de 2,500 millones de tazas de café diariamente. Un dato que nos sitúa en el mapa mundial del consumo de esta sustancia y nos invita a reflexionar sobre su impacto a nivel global.

La cafeína, presente en el cacao, el té, el guaraná y la nuez de cola, ha acompañado a la humanidad durante siglos. Su efecto estimulante en el sistema nervioso central la convierte en un recurso preciado para combatir la fatiga y mejorar la concentración. Sin embargo, el exceso de cafeína puede generar efectos adversos, desde taquicardia y ansiedad hasta náuseas, vómitos e insomnio. En la actualidad, la omnipresencia de la cafeína se extiende a más de 1,000 productos, muchos de ellos dirigidos a niños y adolescentes. Barras energéticas, helados, chicles, suplementos dietéticos e incluso medicamentos de venta libre, se suman a la lista de productos que contienen este compuesto. Las bebidas energéticas, con su alta concentración de cafeína (entre 54 y 328 mg por cada 16 onzas líquidas), merecen una mención especial, ya que su consumo entre los jóvenes se ha incrementado notablemente en los últimos años.

La American Academy of Child & Adolescent Psychiatry desaconseja el consumo de cafeína en niños y adolescentes. No obstante, algunos especialistas sugieren que los adolescentes de 12 a 18 años podrían limitar su consumo a 100 mg al día, equivalente a una taza de café, una o dos tazas de té o dos latas de refresco. Por otro lado, la FDA considera que la cafeína puede formar parte de una dieta saludable para la mayoría de los adultos, siempre y cuando se ajuste a las recomendaciones de 400 mg al día, equivalente a dos o tres tazas de café de 12 onzas líquidas. En este contexto, la información y la moderación se convierten en claves para disfrutar de los beneficios de la cafeína sin poner en riesgo la salud. Es fundamental fomentar la conciencia sobre el consumo de esta sustancia, especialmente entre los jóvenes, para que puedan tomar decisiones informadas y responsables sobre su propia salud.

Fuente: El Heraldo de México