14 de mayo de 2025 a las 09:30
Descubre la verdad detrás del político
La creencia de que la comunicación política y la administración de la imagen son las claves para sortear una crisis gubernamental revela, o bien una dedicación profesional a dichas artes, o bien un desconocimiento profundo de la historia, tan antiguo como Herodoto. Los manuales de estos expertos, repletos de fórmulas fáciles de digerir, infunden una falsa sensación de seguridad, una ilusión de que cualquiera puede postularse y triunfar. Sin embargo, estos manuales simplifican la compleja realidad social a la que se enfrenta un político, ignorando las variables impredecibles y la fuerza de la autenticidad.
Recordemos el caso de José Mujica, ex presidente de Uruguay. Su austeridad de vida, lejos de ser una estrategia de marketing, era un reflejo genuino de sus valores. Ante la pregunta de un periodista sobre si su estilo de vida era una pose, Mujica respondió con una carcajada sonora, desmontando la presunción de que todo acto político se rige por el cálculo. Este episodio ilustra la diferencia abismal entre la construcción artificial de una imagen y la proyección natural de una personalidad.
En contraste, un colega que cubrió una campaña electoral en México me relató una anécdota reveladora. El candidato a gobernador, al que seguía en sus recorridos, se untaba las manos con gel antibacterial después de saludar a la gente, incluso antes de la pandemia. Este gesto, más allá de una cuestión de higiene, revelaba un profundo distanciamiento con el pueblo al que pretendía representar. La afabilidad que mostraba ante las cámaras se desvanecía tan pronto como desaparecían los flashes, revelando la hipocresía de su actuación. Si bien las apariencias le granjearon fotos y minutos en televisión, también evidenciaron la superficialidad de su conexión con la realidad social.
Azorín, en su obra "El político", ya advertía sobre este peligro: la creación de una "atmósfera", una "muralla" construida por la corte de aduladores que impide al político ver la verdadera naturaleza del pueblo al que se dirige. Esta burbuja de artificio distorsiona la percepción de la realidad y aleja al político de las necesidades genuinas de la ciudadanía.
Volviendo a Mujica, a diferencia de otros ex jefes de Estado, se negaba a cobrar por sus charlas con universitarios. Consideraba una "barbaridad" lucrarse con el conocimiento. Este gesto, coherente con su trayectoria, reforzaba su conexión con los jóvenes, quienes veían en él un ejemplo de integridad y compromiso. Mi propio hijo, fascinado por la película "La noche de 12 años", que narra el periodo de encarcelamiento de Mujica, vio la cinta más de diez veces, cautivado por la resistencia y la fortaleza del ex presidente.
En la presentación de la película, Mujica pronunció unas palabras que resumen su filosofía de vida: "Nos tocó pelear con la locura, porque en ese tipo de prisión buscaron que quedáramos lelos. Y triunfamos: no quedamos lelos". Esta frase, cargada de simbolismo, trasciende el ámbito político para convertirse en una lección de vida: la importancia de mantener la lucidez y la coherencia en un mundo que a menudo nos empuja hacia la locura y la superficialidad. La autenticidad de Mujica, su negativa a sucumbir a las presiones de la imagen y el marketing, lo convirtieron en un referente para las nuevas generaciones, demostrando que la verdadera conexión con el pueblo se construye con la verdad, la humildad y la coherencia.
Fuente: El Heraldo de México