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14 de mayo de 2025 a las 17:25
Desayuno infantil: ¿Riesgo oculto?
Desayunar un vaso de leche con pan es una costumbre arraigada en muchas familias, una solución rápida y aparentemente sencilla antes de la vorágine escolar. Sin embargo, aunque parezca saciar el hambre momentáneamente, esta combinación, tan común en las mesas mexicanas, se queda corta a la hora de proporcionar los nutrientes necesarios para un óptimo rendimiento físico e intelectual en los niños. Si bien la leche aporta proteínas, calcio y vitamina D, y el pan ofrece carbohidratos para una energía rápida, este desayuno carece del balance nutricional fundamental para el desarrollo infantil. Imaginemos un coche al que solo le ponemos gasolina, pero olvidamos el aceite, el líquido refrigerante o la revisión de las llantas. A corto plazo, quizás funcione, pero a la larga, inevitablemente, sufrirá averías. Lo mismo ocurre con la alimentación de nuestros hijos.
Profundicemos en la composición de este desayuno. La leche, un alimento valioso, nos proporciona proteínas esenciales para el crecimiento, calcio para fortalecer los huesos y vitamina D para la absorción del calcio. Sin embargo, no todas las leches son iguales. Debemos ser consumidores informados y revisar las etiquetas, optando por leches que realmente aporten los nutrientes declarados, ya que estudios de la Profeco han revelado discrepancias entre lo que se anuncia y lo que realmente contienen algunos productos. Por otro lado, el pan, fuente principal de carbohidratos en este desayuno, nos ofrece energía rápida, pero efímera. Si elegimos pan blanco o, peor aún, pan dulce, estamos aportando principalmente azúcares simples, que generan picos de glucosa en sangre seguidos de una rápida caída, provocando cansancio, irritabilidad y dificultad para concentrarse.
La clave para un desayuno completo reside en la combinación. No se trata solo de llenar el estómago, sino de nutrir el cuerpo y el cerebro. Un desayuno ideal debe incluir al menos tres grupos de alimentos: cereales y tubérculos, frutas y verduras, y leguminosas y alimentos de origen animal. Imaginemos un plato con fruta fresca, un huevo revuelto con espinacas y un par de tortillas de maíz. Esta combinación nos ofrece carbohidratos complejos para una energía sostenida, proteínas para la construcción y reparación de tejidos, vitaminas y minerales para fortalecer el sistema inmunológico y antioxidantes para proteger las células. Además, la fibra presente en las frutas, verduras y cereales integrales, promueve una buena digestión y ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre.
Las consecuencias de un desayuno insuficiente pueden manifestarse tanto a corto como a largo plazo. A corto plazo, los niños pueden experimentar somnolencia, falta de concentración e irritabilidad, afectando su rendimiento escolar y su estado de ánimo. A largo plazo, la carencia de nutrientes esenciales puede comprometer el crecimiento, debilitar el sistema inmunológico y aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Transformar un desayuno simple en uno completo no requiere grandes esfuerzos ni complicadas recetas. Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia. Sustituir el pan blanco por pan integral, añadir una pieza de fruta como plátano, manzana o papaya, o incorporar una porción de proteína como un huevo, yogur natural o un puñado de nueces, puede enriquecer notablemente el valor nutricional del desayuno. Incluir verduras en el desayuno, aunque pueda parecer inusual, es una excelente manera de aumentar el consumo de fibra, vitaminas y minerales. Unas espinacas en el huevo revuelto o un poco de tomate picado en las tostadas integrales pueden ser opciones deliciosas y nutritivas.
En resumen, el desayuno es la comida más importante del día, especialmente para los niños en edad escolar. Un desayuno equilibrado no solo proporciona la energía necesaria para afrontar las actividades diarias, sino que también contribuye al desarrollo físico e intelectual, fortalece el sistema inmunológico y promueve hábitos alimenticios saludables a largo plazo. Involucrar a los niños en la preparación del desayuno puede ser una excelente manera de fomentar su interés por una alimentación saludable y crear un ambiente familiar positivo en torno a la comida.
Fuente: El Heraldo de México