14 de mayo de 2025 a las 09:30
Abraza tu Dignidad
En tiempos donde la inmediatez y la superficialidad parecen dominar el panorama informativo, es crucial recordar la esencia de la verdadera política: el debate, la deliberación y la crítica. No se trata de un mero intercambio de consignas vacías, sino de un diálogo profundo y constructivo donde las voces disidentes tienen un papel fundamental. La posibilidad de expresar un "no" rotundo, de manifestar el desacuerdo, no es una amenaza, sino el motor mismo de una sociedad que se responsabiliza de su destino. De hecho, es precisamente la capacidad de cuestionar, de confrontar ideas, lo que nos permite escapar de la "política cifrada en expertos", esa política desconectada de la realidad ciudadana, que a menudo se traduce en decisiones impuestas desde arriba, sin tener en cuenta las necesidades y aspiraciones de la gente.
Las crisis, por dolorosas que sean, nos brindan la oportunidad de repensar el rumbo, de cuestionar los fundamentos mismos de nuestro sistema. El colapso de las estrategias a corto plazo, de las soluciones mágicas que prometen resultados inmediatos, nos obliga a mirar más allá, a buscar soluciones sostenibles que aborden las causas profundas de los problemas. En este sentido, la crisis de la política, entendida como la pérdida del diálogo y la reflexión compartida, se manifiesta en la banalización de los discursos, en la conversión de las ideas en meras mercancías que se compran y se venden al mejor postor.
La democracia, a diferencia de otros sistemas políticos, no solo tolera el antagonismo, sino que lo necesita. El poder no está reservado a una élite, no hay un aspirante "natural" al trono. La lucha por el poder, la tensión entre los opuestos, es inherente a la democracia. Es a través del debate, de la confrontación de ideas, que se construye el consenso y se legitima el mandato. Recordemos las palabras de Unamuno, en aquel histórico enfrentamiento con Millán Astray: "Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis". La fuerza, por sí sola, no es suficiente. Para convencer, para construir una sociedad justa y democrática, se necesita razón, se necesita derecho, se necesita diálogo.
El pensamiento de Unamuno, heredero de la tradición humanista, nos recuerda la importancia del libre albedrío, de la capacidad del ser humano para construirse a sí mismo. No somos seres predeterminados, sino proyectos en constante evolución. Nuestra imaginación creadora nos permite cuestionar la realidad, confrontar nuestras propias ideas y las de los demás, en un proceso continuo de aprendizaje y crecimiento. La polemizar, el debate constructivo, no es una amenaza, sino la herramienta fundamental para construir una sociedad más justa, más libre y más democrática. Es, en definitiva, la esencia misma de la política. Y es nuestra responsabilidad, como ciudadanos, mantener viva la llama del diálogo, de la reflexión y de la crítica. Porque solo a través del debate, de la confrontación de ideas, podremos construir un futuro mejor para todos.
Fuente: El Heraldo de México