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13 de mayo de 2025 a las 09:25

Unidos en la austeridad

La reciente reunión del Consejo Nacional de Morena ha resonado con fuerza, no solo por las decisiones tomadas, sino por la profunda reflexión que ha suscitado sobre los pilares que sostienen nuestro movimiento. Reiterar la unidad, la honestidad, la humildad y la austeridad republicana no es un mero formalismo, sino un acto de reafirmación vital en un momento crucial para el país. Nos encontramos en la antesala de un segundo sexenio de transformación, una continuación del camino trazado por el expresidente López Obrador y que ahora lidera la presidenta Claudia Sheinbaum. Este relevo generacional, esta continuidad en el cambio, exige una revisión constante de nuestros principios, una especie de brújula moral que nos guíe en la compleja tarea de gobernar.

El poder, como bien se dice, es una moneda de dos caras. Puede ser la herramienta para construir un futuro mejor, pero también una tentación que nos desvíe del camino. Por eso, la insistencia en la humildad cobra especial relevancia. No se trata de una falsa modestia, sino del reconocimiento de que el poder emana del pueblo y debe ser ejercido en su beneficio. La humildad nos permite escuchar, aprender y corregir el rumbo cuando sea necesario. Nos blinda contra la arrogancia y nos recuerda que somos servidores públicos, no dueños del destino del país.

La carta enviada por la presidenta Sheinbaum al Consejo Nacional es un testimonio claro de esta visión. Con una lúcida separación entre el gobierno y el partido, nos recuerda la esencia plural de Morena, un movimiento que nació de la convergencia de diversas corrientes de pensamiento, unidas por el anhelo de un México más justo e igualitario. Esa pluralidad es nuestra mayor fortaleza, pero también un desafío constante. Mantener la unidad en la diversidad requiere diálogo, tolerancia y la capacidad de encontrar puntos de encuentro que nos permitan avanzar juntos. No se trata de uniformar el pensamiento, sino de construir consensos que nos fortalezcan como movimiento y nos permitan responder a las demandas de la sociedad.

La austeridad republicana, otro de los principios rectores, no es un simple recorte presupuestal, sino una filosofía de gobierno. Implica el rechazo a la opulencia, a los gastos superfluos y al despilfarro de los recursos públicos. Es un compromiso ético con la sociedad, una forma de demostrar que el dinero del pueblo se utiliza con responsabilidad y transparencia. En un país con tantas desigualdades, la austeridad es una obligación moral, una forma de redirigir los recursos hacia las necesidades más urgentes de la población.

La lucha contra el nepotismo, un mal que ha aquejado a la política mexicana durante décadas, es otro de los puntos clave. El compromiso de Morena en este aspecto es firme e inequívoco. No podemos permitir que los cargos públicos se conviertan en moneda de cambio para beneficiar a familiares y amigos. La meritocracia y la transparencia deben ser los pilares de la administración pública. El hecho de que la reforma constitucional en esta materia entre en vigor hasta 2030 no nos exime de la responsabilidad de actuar desde ahora. La lucha contra el nepotismo no puede esperar.

En un escenario político donde la oposición parece carecer de rumbo y propuestas, la responsabilidad de Morena es aún mayor. Si fallamos, si nos desviamos del camino trazado por nuestros principios, el país se quedaría sin opciones viables de transformación. Por eso, la reflexión constante, la autocrítica y la reafirmación de nuestros valores son esenciales para mantener la confianza de la ciudadanía y seguir construyendo el México que soñamos. No basta con enunciar los principios, hay que vivirlos en cada acto de gobierno, en cada decisión política, en cada interacción con la sociedad. Ese es el verdadero desafío que tenemos por delante.

Fuente: El Heraldo de México