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13 de mayo de 2025 a las 06:50

Tragedia en video: Anciano se quita la vida

Un escalofrío recorre las calles de Rionegro, Santander, tras la tragedia que tiñó de gris la mañana del lunes 12 de mayo. La imagen, capturada por una cámara de seguridad y propagada con la velocidad de un rayo por las redes sociales, es desgarradora: un adulto mayor, sentado en el borde del andén en el corazón del barrio El Centro, a escasos metros del bullicio habitual del parque principal, se lanza bajo las ruedas de un autobús en movimiento. El silencio que siguió al impacto, seguramente, fue aún más aterrador que el ruido del metal contra el asfalto.

La comunidad local está conmocionada. Vecinos y comerciantes, acostumbrados al ritmo tranquilo de su día a día, se encuentran ahora unidos por un dolor compartido, por la incredulidad ante un acto tan desesperado. Muchos se preguntan qué oscuros pensamientos atormentaban a este hombre, qué demonios internos lo empujaron a tomar una decisión tan irreversible, a tan solo una cuadra de la plaza donde, seguramente, otros disfrutaban de un café mañanero o compartían una charla amena.

El video, que se ha vuelto viral, muestra la crudeza del suceso. En él se observa al hombre, con una aparente calma que contrasta con la violencia del acto que está a punto de cometer, esperando la llegada del autobús. La fracción de segundo en la que se lanza es un puñal en la conciencia colectiva de Rionegro. El conductor, según su testimonio ante las autoridades, no tuvo tiempo de reaccionar. La imagen del vehículo pasando sobre el cuerpo del hombre con las llantas traseras es una carga que, sin duda, llevará por mucho tiempo. Su impotencia ante lo inevitable, su rostro marcado por la conmoción, son un reflejo del dolor que ha embargado a toda una comunidad.

Las sirenas de las ambulancias y de la policía rompieron la quietud que siguió a la tragedia. Bomberos y agentes de tránsito acordonaron la zona, mientras los curiosos se aglomeraban, intentando comprender lo incomprensible. La cinta amarilla, un símbolo tan común en escenas de accidentes, parecía insuficiente para contener la ola de preguntas sin respuesta, la angustia y la tristeza que se respiraban en el aire.

Los peritos forenses, con la profesionalidad que exige su labor, realizaron el levantamiento del cuerpo, trasladándolo a la morgue municipal. Allí, entre el silencio frío de la sala de autopsias, comienza la tarea de identificación, un proceso que va más allá de un nombre y un número de documento. Se busca una historia, una vida, una explicación a un acto que, por ahora, se presenta como un enigma desgarrador.

La investigación apenas comienza. Las autoridades buscan reconstruir las últimas horas del hombre, indagan en su entorno, en sus relaciones, en busca de una pista que arroje luz sobre los motivos que lo llevaron a tomar tan fatal decisión. Los vecinos, aún en estado de shock, aseguran no haber notado comportamientos extraños en los días previos. ¿Fue un impulso repentino? ¿Una decisión largamente meditada? ¿Un grito silencioso de auxilio que nadie escuchó?

El trágico suceso de Rionegro nos recuerda la fragilidad de la vida, la importancia de prestar atención a las señales, de tender una mano a quienes parecen caminar en la oscuridad. Es un llamado a la empatía, a la solidaridad, a la construcción de una red de apoyo que pueda sostener a quienes se sienten al borde del abismo. Y, sobre todo, es un recordatorio de que, detrás de cada rostro en la multitud, hay una historia, una lucha interna que, a veces, se libra en silencio.

Fuente: El Heraldo de México