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14 de mayo de 2025 a las 00:05

Novio de estudiante asesinada rompe el silencio: impactantes revelaciones

La tragedia que enlutó a la Universidad del Valle, sede Palmira, el pasado jueves 8 de mayo, continúa generando conmoción y exige una profunda reflexión sobre la violencia de género y la seguridad en los espacios universitarios. El eco de los disparos que segaron la vida de Sirley Vanessa López Loaiza, de tan solo 23 años, y que dejaron gravemente herida a María José, resuena en los pasillos de la institución, un recordatorio doloroso de la vulnerabilidad que enfrentan las mujeres. La cafetería, un espacio habitual de encuentro y camaradería, se convirtió en el escenario de un acto de violencia inexplicable, dejando una huella imborrable en la comunidad universitaria.

Sirley, una joven estudiante de Licenciatura en Literatura, llena de sueños y con un futuro prometedor, fue alcanzada por las balas mientras compartía un momento con su pareja, Michel Muñoz. El testimonio desgarrador de Michel, quien presenció el horror y la impotencia de no poder contar con asistencia médica inmediata en la universidad, pone en evidencia la precariedad de los servicios de salud en la jornada nocturna. Su denuncia sobre la ausencia de personal médico y ambulancias disponibles es un llamado urgente a las autoridades universitarias a revisar y fortalecer los protocolos de seguridad y atención de emergencias. “Si esperábamos, Sirley moría allí mismo”, una frase que resume la angustia y desesperación vividas en esos momentos cruciales, y que debería resonar como una alarma para impulsar cambios reales y efectivos.

Mientras María José continúa luchando por su vida en el hospital, la comunidad universitaria se une en un clamor por justicia y seguridad. Estudiantes y docentes exigen medidas concretas que garanticen entornos seguros y libres de violencia, especialmente para las mujeres, quienes son las principales víctimas de este tipo de agresiones. La Universidad del Valle, en su comunicado oficial, ha expresado su rechazo rotundo a la violencia de género y ha prometido tomar medidas para prevenir situaciones similares. Sin embargo, más allá de las palabras, se requiere una acción contundente que se traduzca en protocolos de seguridad más robustos, mayor presencia de personal capacitado para atender emergencias, y campañas de sensibilización y prevención de la violencia de género.

El agresor, identificado como Brayan Tovar, expareja de María José y antiguo estudiante de la universidad, cometió un acto de violencia extrema que no solo arrebató la vida de una joven, sino que también dejó profundas heridas en toda la comunidad universitaria. Este trágico suceso nos obliga a preguntarnos sobre las fallas en el sistema que permitieron que ocurriera, sobre la necesidad de fortalecer la atención a las víctimas de violencia de género y sobre la importancia de promover una cultura de paz y respeto en todos los ámbitos de la sociedad.

El recuerdo de Sirley, descrita por su novio como una joven brillante, cariñosa y llena de vida, debe ser un motor para la lucha contra la violencia de género. Su sonrisa, que según sus amigos irradiaba calor y alegría, no debe apagarse en la memoria. Es necesario que su caso, y el de tantas otras víctimas, sirvan para impulsar un cambio real y duradero, para construir una sociedad donde las mujeres puedan vivir libres de miedo y violencia. La justicia para Sirley, para María José y para todas las víctimas de violencia de género, es una deuda pendiente que debemos saldar como sociedad.

Fuente: El Heraldo de México