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13 de mayo de 2025 a las 09:25

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La elección de León XIV como nuevo Pontífice ha resonado en todo el mundo como un eco de esperanza en tiempos turbulentos. No es casualidad la evocación del nombre de León XIII, el Papa que a finales del siglo XIX, en plena vorágine de la primera revolución industrial, se alzó como defensor de la dignidad del trabajador con su histórica encíclica Rerum Novarum. Hoy, en el umbral de una nueva revolución, marcada por la inteligencia artificial y la digitalización, el nombre de León XIV se erige como un faro que ilumina el camino hacia una ética en el mundo tecnológico.

La Rerum Novarum, más que un documento histórico, es un testamento de la visión social de la Iglesia, una visión que trasciende las épocas y se adapta a las nuevas realidades. En ella se encuentran los principios fundamentales que deben guiar nuestra interacción con la tecnología: la primacía de la persona, la justicia social, el bien común y la solidaridad. Estos pilares, tan relevantes en 1891 como en 2023, nos instan a reflexionar sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, la economía y la sociedad en su conjunto. ¿Estamos construyendo un futuro donde la tecnología sirva al hombre o un futuro donde el hombre sea siervo de la máquina?

León XIV, al retomar el legado de su predecesor en el nombre, nos invita a un diálogo urgente y necesario. La inteligencia artificial, con su inmenso potencial, puede ser una herramienta para el progreso, la inclusión y el desarrollo, pero también un instrumento de exclusión, desigualdad y control. La Rerum Novarum, en su sabiduría atemporal, nos proporciona las claves para navegar este nuevo escenario: la centralidad del trabajo como medio de realización personal y social, la importancia de la justa distribución de la riqueza generada por la tecnología, y la necesidad de proteger a los más vulnerables ante los cambios disruptivos.

El Papa León XIV, con su gesto simbólico, nos recuerda que la Iglesia no es ajena a las transformaciones del mundo, sino que, fiel a su misión, ofrece una brújula moral para orientarnos en la complejidad del presente. Su elección nos interpela a todos, creyentes y no creyentes, a construir un futuro donde la tecnología esté al servicio de la humanidad y no al revés. Nos invita a ser protagonistas de esta nueva era, a no ser meros espectadores pasivos ante el avance imparable de la innovación, sino a ser constructores conscientes de un mundo más justo, más humano y más solidario. El futuro no está escrito, está en nuestras manos, y la Rerum Novarum, guiada por la luz del Evangelio, nos ofrece un mapa para no perdernos en el camino. La tarea es inmensa, el desafío es grande, pero la esperanza, con la llegada de León XIV, se renueva.

Fuente: El Heraldo de México