13 de mayo de 2025 a las 19:50
Guardaespaldas ejecuta a Capo de la droga ¡Imágenes impactantes!
La noche panameña se tiñó de rojo con la traición que resonó en cada rincón de la ciudad. Luis Díaz Lasso, alias “Bombillo”, un nombre que susurraba poder y temor en los bajos fondos, fue silenciado abruptamente por la mano que se suponía debía protegerlo. La ironía macabra se despliega en un video que corre como la pólvora en redes sociales, un testimonio gráfico de la fragilidad de la vida, incluso para aquellos que parecen intocables.
Las imágenes congelan el instante preciso del horror. “Bombillo”, rodeado de la aparente jovialidad de una noche entre amigos, ajeno al peligro que acechaba a sus espaldas. Doce personas, cómplices involuntarios de la tragedia que estaba a punto de desarrollarse. Entre risas y conversaciones, la figura siniestra del guardaespaldas, con abrigo negro y gorra que oculta su rostro, se desliza como un fantasma. Un movimiento calculado, una mirada fría que mide la distancia, la cercanía del objetivo. El sicario se apoya en un automóvil, un gesto casi casual que precede al estallido de la violencia. Su mano derecha se mueve con precisión letal, extrayendo el arma que sellará el destino de su jefe.
Los disparos rompen la noche, la música y las risas se transforman en gritos de terror. “Bombillo” cae fulminado, su reinado de poder reducido a un cuerpo inerte en el pavimento. El pánico se desata, la multitud se dispersa como un enjambre de pájaros asustados, buscando refugio ante la lluvia de plomo. El asesino, con la misma frialdad con la que ejecutó su plan, desaparece en la confusión, dejando tras de sí un escenario de caos y muerte.
La escena, grabada a fuego en la memoria de los testigos, contrasta con la frenética carrera por salvar una vida que ya se escapaba. Una mujer, de 31 años, se convierte en la improbable conductora de la última esperanza. Su automóvil, transformado en una ambulancia improvisada, corre contra el reloj hacia el Hospital San Miguel Arcángel. La lucha de los médicos es en vano. Las heridas en el cuello, hombro y mandíbula de “Bombillo” son demasiado graves. La vida del capo se apaga, dejando un vacío de poder que seguramente desatará una nueva ola de violencia en la ciudad.
Mientras tanto, en el lugar del crimen, las luces parpadeantes de las patrullas policiales iluminan la escena macabra. Los investigadores del Ministerio Público recogen evidencias, intentando reconstruir el rompecabezas de la traición. ¿Qué motivó al guardaespaldas a convertirse en verdugo? ¿Fue una venganza personal, una orden de un rival, o simplemente la ambición desmedida de ascender en la jerarquía criminal? Las interrogantes flotan en el aire, mientras Panamá se despierta con la noticia del asesinato que ha sacudido sus cimientos. La muerte de “Bombillo” no es solo el fin de un hombre, es el símbolo de la volatilidad del poder en el mundo del narcotráfico, un recordatorio constante de que la traición siempre acecha en las sombras.
Fuente: El Heraldo de México