14 de mayo de 2025 a las 01:25
Frontera cerrada: Ganaderos tamaulipecos en alerta.
La incertidumbre se cierne sobre el sector ganadero mexicano. El reciente cierre de la frontera estadounidense a las importaciones de ganado, una vez más, pone en jaque a los productores nacionales, a pesar del panorama alentador que representaba el buen precio del ganado en el mercado interno. Esta medida, impulsada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ante la persistencia del gusano barrenador del ganado en el sur de México, amenaza con desestabilizar el delicado equilibrio alcanzado en los últimos meses.
El impacto de esta decisión se traduce en números alarmantes. Cuauhtémoc Amaya García, subsecretario de Ganadería de Tamaulipas, ha señalado que durante el presente año apenas se han exportado cinco mil cabezas de ganado, una cifra insignificante comparada con las 70 mil que se exportan habitualmente en una temporada. Este frenazo a las exportaciones inevitablemente repercutirá en los precios, generando pérdidas para los ganaderos mexicanos que veían en el mercado estadounidense una salida segura y rentable para su producción.
La raíz del problema, según el USDA, radica en la persistencia del gusano barrenador, una plaga que afecta al ganado y que se atribuye a la entrada de animales procedentes de Sudamérica. Si bien las autoridades mexicanas han implementado medidas para controlar la propagación de esta plaga, los esfuerzos parecen insuficientes a ojos del gobierno estadounidense, que ha optado por la medida drástica del cierre fronterizo para proteger su propio ganado.
La pregunta que surge ahora es: ¿cuáles serán los pasos a seguir? Amaya García ha indicado que es necesario conocer a fondo el planteamiento del USDA y los requisitos específicos para la reapertura de la frontera. Sin embargo, la experiencia nos dice que estos procesos suelen ser lentos y complejos, lo que implica un periodo de incertidumbre y dificultades para los ganaderos mexicanos.
Mientras tanto, la realidad en el campo se complica. Los productores se ven obligados a mantener su ganado en corrales, lo que agudiza la problemática de la sequía que azota a varias regiones del país. La escasez de alimento y agua se suma a la imposibilidad de exportar, presionando a los ganaderos a vender sus animales en el mercado nacional, donde los precios, aunque favorables en la actualidad, podrían verse afectados por la sobreoferta.
El caso del puerto de Ojinaga, en Chihuahua, ilustra la magnitud del problema. Con exportaciones programadas de 600 becerros por semana durante mayo, junio y las primeras semanas de julio, provenientes de Tamaulipas, el cierre fronterizo representa un duro golpe para los productores de la región. Estas exportaciones, que representaban una importante fuente de ingresos, se ven ahora truncadas, dejando a los ganaderos en una situación precaria.
Ante este escenario, es crucial que las autoridades mexicanas trabajen en estrecha colaboración con el USDA para encontrar una solución rápida y efectiva que permita la reanudación de las exportaciones. Asimismo, es fundamental implementar medidas de apoyo para los ganaderos afectados, que les permitan sobrellevar esta crisis y mantener la viabilidad de sus explotaciones. El futuro del sector ganadero mexicano depende de la capacidad de respuesta ante este nuevo desafío.
Fuente: El Heraldo de México