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13 de mayo de 2025 a las 09:40

Domina la plaga: Guía para el gusano barrenador

La incertidumbre se cierne sobre el campo mexicano. La reciente suspensión de las exportaciones de ganado en pie hacia Estados Unidos, decretada por el Departamento de Agricultura estadounidense, ha generado una onda expansiva de consecuencias que van mucho más allá de la mera sanidad animal. El gusano barrenador, detonante de esta crisis, se ha convertido en el símbolo de una problemática mucho más compleja, que pone en jaque la relación bilateral y la estabilidad económica de miles de familias mexicanas.

Aunque las autoridades estadounidenses justifican la medida como una precaución necesaria ante el repunte de la plaga en el sur de México, la decisión se percibe en este lado de la frontera como un golpe bajo, una reacción desproporcionada que no considera los esfuerzos que ya se están implementando para controlar la situación. Recordemos que México no es un simple proveedor de ganado para Estados Unidos; es el principal. Miles de millones de dólares y un flujo comercial vital para ambos países penden de un hilo, mientras la amenaza de un inventario ganadero históricamente bajo se cierne sobre el mercado estadounidense.

El cierre fronterizo, calificado como "temporal" por el secretario de Agricultura mexicano, Julio Berdegué, ha desatado una cascada de reacciones. Mientras el Consejo Nacional Agropecuario (CNA) advierte de pérdidas millonarias diarias y propone alternativas como la certificación de puntos de cruce y el refuerzo de la vigilancia sanitaria, la National Cattlemen’s Beef Association (NCBA) de Estados Unidos respalda la medida con firmeza, argumentando el riesgo inaceptable que el gusano barrenador representa para su hato.

Esta divergencia de opiniones pone de manifiesto la necesidad urgente de un diálogo binacional constructivo, basado en la evidencia científica y la corresponsabilidad. No se trata de minimizar la amenaza del gusano barrenador, sino de abordarla con una estrategia conjunta que no sacrifique la economía de las regiones ganaderas mexicanas. El cierre de fronteras no erradica la plaga; la contiene, la aísla, y en ese aislamiento, fermenta la desconfianza y la incertidumbre.

¿Qué podemos esperar en los próximos días? El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) ha sido contundente en sus recomendaciones: se necesita una acción coordinada entre ambos países, una revisión exhaustiva de los protocolos sanitarios y una inversión significativa en programas de control y erradicación del gusano barrenador. Además, es crucial establecer mecanismos de compensación para los ganaderos afectados y fortalecer la comunicación entre las autoridades sanitarias de ambos países.

La situación actual no solo pone en peligro las exportaciones, sino también el tejido social de las comunidades rurales que dependen de la ganadería. El fantasma del desempleo, la migración forzada y la ruptura de las cadenas de valor locales se cierne sobre estas regiones, mientras el precio de la carne amenaza con dispararse en ambos lados de la frontera, alimentando la inflación y la inestabilidad económica.

El gusano barrenador, un pequeño insecto, ha puesto de manifiesto la fragilidad de los acuerdos comerciales y la interdependencia de las economías. Ahora más que nunca, se requiere liderazgo, visión de futuro y una apuesta decidida por la cooperación binacional. El futuro del campo mexicano, y en gran medida, la estabilidad del mercado cárnico norteamericano, dependen de ello. La diplomacia técnica, la transparencia y la acción conjunta son las únicas armas que podrán contener esta plaga, antes de que se convierta en una crisis de dimensiones insospechadas.

Fuente: El Heraldo de México