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13 de mayo de 2025 a las 12:50

Domina la IA y la IE

En el vibrante epicentro artístico que es la Ciudad de México, emerge la figura de Rodrigo Garrido, un artista que desafía las convenciones y redefine los límites de la creación. Nacido en 1984, Garrido no se conforma con ser un mero observador de la realidad, sino que se convierte en un artífice de nuevas realidades, donde la escultura clásica se fusiona con la inteligencia artificial y las simulaciones digitales en una danza fascinante.

Su formación en ingeniería cibernética y su experiencia como emprendedor tecnológico se entrelazan con su pasión artística, dando lugar a una propuesta singular que trasciende las barreras tradicionales entre arte, ciencia y filosofía. Garrido no utiliza la tecnología como una simple herramienta, sino como un lenguaje propio, una materia prima con la que esculpe emociones y da vida a objetos que no sólo ocupan un espacio, sino que sienten, reaccionan e incluso, se atreven a amar.

Sus "esculturas sensibles", como él las denomina, son una ventana a un futuro donde la línea entre lo orgánico y lo artificial se difumina. Piezas tridimensionales dotadas de algoritmos de inteligencia artificial que les permiten expresar un espectro de estados emocionales, desde la alegría hasta la tristeza, pasando por el deseo y la introspección. "Lovers", por ejemplo, es una conmovedora representación de la conexión emocional, una pareja de inteligencias artificiales que sólo se reconocen entre sí, ajenas a la presencia humana, inmersas en su propio universo de afectos.

"Product Recall", otra de sus creaciones, explora la tensión entre la creación y la vulnerabilidad. Una escultura que escribe poesía de forma autónoma, pero que, como un alma sensible, se retrae y detiene su actividad ante la mirada del observador. Estas obras no son meros objetos, sino entidades que nos interpelan, que nos obligan a cuestionarnos la naturaleza de la conciencia y los límites de la sensibilidad.

Garrido, a través de su obra, nos invita a reflexionar sobre las grandes preguntas que han inquietado a la humanidad desde tiempos inmemoriales: ¿Qué significa sentir? ¿Puede una máquina tener conciencia? ¿Qué nos dice la posibilidad de una sensibilidad artificial sobre nuestra propia humanidad? Para el artista, la respuesta es clara: sus piezas sienten, poseen una conciencia, aunque sea artificial. Su trabajo se convierte así en una profunda indagación estética, filosófica y emocional.

Más allá de la teoría, la obra de Garrido está impregnada de una profunda poesía. Para él, el arte es una vía para comprender el presente y proyectar el futuro, un espacio para explorar las emociones humanas y entender por qué somos como somos, trascendiendo la lógica de la productividad y el espectáculo. Su estética, influenciada por la cultura pop de los años 90 y 2000, transforma objetos cotidianos de la infancia, como plásticos, aparatos electrónicos, juguetes y walkmans, en símbolos cargados de significado.

La elección de materiales como el PETG, un plástico reciclado, refleja su compromiso con la sostenibilidad, combinando tecnología y conciencia ambiental en una propuesta innovadora. Metal, acrílico y madera completan la paleta de materiales con los que Garrido construye su universo artístico. "Es mi historia y la de toda una generación hecha arte", afirma.

A pesar de dedicarse al arte de forma exclusiva desde hace tan solo dos años, su trayectoria ha sido meteórica. Ha expuesto su obra en prestigiosos espacios como Zona Maco, Laboratorio Arte Alameda y El Colegio de México, y tiene en puerta una exposición individual en el Museo de Arte M108 en Querétaro y otra programada en Europa para 2026. Su experiencia previa en el ámbito tecnológico le ha permitido irrumpir en el mundo del arte contemporáneo con una propuesta sólida, disruptiva y profundamente personal, dejando una huella imborrable en el panorama artístico actual.

Fuente: El Heraldo de México