13 de mayo de 2025 a las 20:40
Director de penal oaxaqueño destituido tras fallecimiento de reos
La sombra de la tragedia se cierne sobre el Centro Penitenciario Varonil de Tanivet, Oaxaca. Un fin de semana convulso, marcado por la muerte de dos reclusos y la fuga de un tercero, ha destapado una olla a presión de irregularidades y ha puesto en el ojo del huracán la gestión del ahora ex-director, José Jarquín López. Las autoridades penitenciarias, en un intento por aplacar la creciente ola de indignación pública, han actuado con celeridad: cese fulminante del director, cuatro custodios detenidos y la promesa de una investigación exhaustiva. Pero, ¿es suficiente? ¿Lograrán estas medidas sanear un sistema penitenciario que parece gangrenado por la corrupción y la violencia?
El relato oficial, ofrecido por el subsecretario de Prevención y Reinserción Social, Roberto Claudio Castillo Ramírez, dibuja un escenario de motín controlado y sucesos desafortunados. Un operativo para reubicar a 17 reclusos del módulo 11, considerados elementos subversivos por su presunta participación en la distribución de drogas, desencadenó una serie de eventos que culminaron en tragedia. La administración de medicamentos para tranquilizar a los reos, la misteriosa fuga de Amín Gómez Bautista –un herrero, según las autoridades, que se valió de los barrotes manipulados de su celda y, presuntamente, de hilos de hamaca para escapar–, y las dos muertes, una por paro cardiorrespiratorio tras una excarcelación médica y otra por aparente suicidio, componen un cuadro sombrío que exige respuestas.
La versión oficial, sin embargo, deja interrogantes en el aire. ¿Fue la administración de medicamentos un procedimiento adecuado? ¿Se siguieron los protocolos correspondientes? ¿Cómo pudo un reo manipular los barrotes de su celda y fugarse con tanta aparente facilidad? ¿Qué hay detrás de las dos muertes? ¿Fueron realmente sucesos aislados o hay algo más que las autoridades no están revelando?
La figura del reo fugado, Amín Gómez Bautista, se convierte en un enigma. ¿Actuó solo o contó con la complicidad de alguien dentro del penal? Su oficio de herrero le proporcionaba las habilidades necesarias para manipular los barrotes, pero ¿cómo consiguió los hilos de hamaca? ¿Y cómo logró evadir la vigilancia? La búsqueda continúa, pero su paradero sigue siendo un misterio que alimenta la incertidumbre y la especulación.
Las dos muertes en el penal también suscitan dudas. Si bien una de ellas se atribuye a un paro cardiorrespiratorio, la otra, catalogada como suicidio, requiere una investigación exhaustiva. Las condiciones de vida en el penal, la posible presión por parte de otros reclusos o la desesperación ante la situación podrían haber sido factores determinantes. Es imperativo esclarecer las circunstancias de ambos decesos y determinar si hubo negligencia o responsabilidades por parte del personal penitenciario.
El cese del director y la detención de los cuatro custodios son un primer paso, pero no son suficientes. Es necesario ir más allá y depurar las responsabilidades hasta las últimas consecuencias. La admisión por parte de las autoridades de la existencia previa de un autogobierno dentro del penal y la venta de drogas confirma la gravedad de la situación. Se abre ahora un periodo de transición con un director interino, Adán Martínez, mientras se elige al nuevo titular el 1 de junio. La expectativa es alta. La sociedad oaxaqueña exige transparencia y justicia. El nuevo director tendrá la difícil tarea de restaurar la confianza en un sistema penitenciario quebrado y garantizar la seguridad y el respeto a los derechos humanos de todos los reclusos. El camino hacia la reforma penitenciaria es largo y complejo, pero este trágico episodio debe servir como un llamado a la acción para construir un sistema más justo, humano y seguro.
Fuente: El Heraldo de México