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14 de mayo de 2025 a las 00:00

Desmitificando a los Tupamaros

La vida de José Mujica, un hombre que llegó a la presidencia de Uruguay tras un pasado turbulento marcado por la lucha armada, es una paradoja que sigue fascinando y generando debate. Su fallecimiento nos invita a reflexionar sobre las complejidades de la historia latinoamericana y las huellas imborrables que dejan los periodos de violencia política. Mujica, el humilde ex-guerrillero que abrazó la austeridad como filosofía de vida, representó para muchos la esperanza de un cambio social profundo, mientras que para otros, su pasado en el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) nunca dejó de ser una sombra inquietante.

Los Tupamaros, nacidos en la convulsa década de los 60, se convirtieron en un símbolo de la resistencia contra lo que percibían como injusticias sociales y opresión. Inspirados por la ideología maoísta y las experiencias de otras guerrillas urbanas en la región, buscaron desestabilizar el sistema a través de acciones que iban desde robos y secuestros hasta enfrentamientos armados con las fuerzas del orden. Estas acciones, sin embargo, polarizaron a la sociedad uruguaya, generando tanto adhesiones fervorosas como un profundo rechazo.

La figura de Mujica dentro de los Tupamaros fue evolucionando hasta convertirse en un líder destacado, conocido por su nombre de guerra "Ulpiano". Su participación en el grupo armado lo llevó a vivir experiencias límite, como el enfrentamiento con la policía en 1970 donde estuvo a punto de perder la vida. Herido de gravedad, logró escapar, demostrando la determinación y la capacidad de supervivencia que lo caracterizarían.

La historia de sus fugas de prisión se ha convertido en parte del folclore popular uruguayo. La más recordada es la del penal de Punta Carretas, donde junto a más de cien compañeros escaparon a través de un túnel construido con paciencia y astucia. Estas fugas no solo pusieron en evidencia las debilidades del sistema carcelario, sino que alimentaron la imagen de Mujica como un personaje audaz y resistente.

La captura de Mujica en 1972 coincidió con el golpe de Estado que instauró una dictadura militar en Uruguay. A partir de ese momento, comenzó un largo periodo de encarcelamiento y tortura que marcaría profundamente su vida. Durante más de una década, soportó condiciones inhumanas en diferentes prisiones, incluyendo la cárcel de Paso de los Toros, símbolo de la represión de la dictadura. A pesar del sufrimiento, Mujica nunca renunció a sus ideales.

La amnistía general de 1985 le permitió recuperar su libertad y reintegrarse a la vida política. Su pasado guerrillero, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en un elemento central de su discurso. Mujica se presentó como un sobreviviente, un hombre transformado por la experiencia del cautiverio, que había aprendido la importancia del diálogo y la reconciliación.

Su llegada a la presidencia en 2010 fue un hecho histórico, no solo para Uruguay, sino para toda América Latina. El ex-guerrillero, convertido en un icono de la austeridad y la sencillez, representó para muchos la posibilidad de una política diferente, más humana y comprometida con los más necesitados.

La vida de José Mujica es un testimonio de la complejidad de la historia y la capacidad del ser humano para transformarse. Su legado sigue generando debate, pero nadie puede negar que su historia es una invitación a la reflexión sobre la violencia, la reconciliación y la búsqueda de un mundo más justo.

Fuente: El Heraldo de México