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13 de mayo de 2025 a las 09:30

Descubre el Tesoro Perdido

La destitución de Bud Black como manager de los Rockies de Colorado, tras un desastroso inicio de temporada con un récord de 7-33, es una decisión que, si bien parece lógica, se asemeja a un simple paliativo para una enfermedad mucho más profunda. La franquicia, que saboreó la gloria en la Serie Mundial de 2007 barriendo a los Diamondbacks de Arizona, se encuentra sumida en una nebulosa de malos resultados y sin figuras que inspiren ilusión. La lesión de su estrella, el costoso Kris Bryant, y la baja de cuatro lanzadores, incluyendo a Austin Gomber, agravan aún más el panorama. Black, con una trayectoria de 18 temporadas en las Grandes Ligas, deja Colorado con un balance de cuatro campañas ganadoras, destacando la de 2010 con los Padres de San Diego (90-72) y la de 2018 con los propios Rockies (91-72). Curiosamente, dirigió nueve temporadas a cada equipo.

Ahora, el timón del barco rocoso lo toma Ryan Spillborghs, un exjugador con experiencia en la Liga Mexicana del Pacífico, donde dejó huella con los Yaquis de Ciudad Obregón, incluso participando en un tricampeonato. Sin embargo, la alegría de aquellos años en el sur de Sonora contrasta con el desafío que enfrenta ahora: motivar a un equipo desmoralizado y con pocas probabilidades de victoria en cada partido. Una tarea titánica para Spillborghs, a quien le deseamos la mejor de las suertes.

La situación de los Rockies nos lleva a otra franquicia en apuros: los Piratas de Pittsburgh. Con un récord de 14-27, se hunden en las profundidades de la División Central de la Liga Nacional, una división casi imposible con la presencia de los poderosos Cubs de Chicago. La crítica se agudiza al ver a un joven lanzador con el potencial de Paul Skenes luchando por conceder solo dos carreras y arañar una victoria. Si bien las victorias ya no son el único indicador del rendimiento de un pitcher, la falta de ellas desmoraliza y alimenta los rumores, incluso en tono de broma, sobre un posible traspaso a equipos como los Dodgers o los Mets.

En un tono más sombrío, es indignante e inaceptable el caso del lanzador Lance McCullers Jr., campeón con los Astros de Houston en 2017. Tras una mala salida en su regreso a la actividad después de una lesión en 2022, el jugador ha recibido amenazas de muerte contra él y su familia. Este tipo de comportamiento es aberrante y no tiene cabida en el béisbol ni en ningún otro deporte. Es fundamental recordar que el béisbol es un juego, una pasión, y que la violencia y las amenazas no deben tener lugar en este contexto. Es necesario condenar enérgicamente estos actos y apoyar a McCullers Jr. y a su familia en estos momentos difíciles. La seguridad y el respeto deben prevalecer siempre, dentro y fuera del terreno de juego.

Fuente: El Heraldo de México