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13 de mayo de 2025 a las 09:45

Consejos de tías

La narrativa imperante, con su implacable sesgo, ha acuñado el término "chat de las tías". Resulta impensable que alguien se refiera a un "chat de los tíos". Semejante atrevimiento desataría una revolución, quizá sin argumentos sólidos, pero revolución al fin y al cabo. Una defensa a ultranza de los tíos, esos seres supuestamente inmunes a la desinformación, especialmente en el terreno político y social. Ellas, las tías, son las "argüenderas", las que difunden rumores e infundios en el seno familiar. Ellos, por supuesto, jamás caerían en la trampa de las falsas acusaciones ni fomentarían falsedades. Son hombres, y como tales, "manejan, analizan y calibran la información" con superioridad. La política, no lo olvidemos, es un asunto de hombres.

Este "chat de las tías" se ha convertido en el comodín perfecto para desacreditar cualquier afirmación, ya sea en una conversación informal o en un debate público. Esta misma semana he visto titulares que lo mencionan, incluso he escuchado noticieros que aluden a la inoportunidad de estas tías –nótese la ausencia de tíos–, presentándolas como un instrumento más de las masivas campañas de desinformación que nos asedian. El "chat de las tías" es la carta ganadora en cualquier discusión. Se ha erigido como el chat más falso y ocurrente de la era moderna, un espacio donde reina la mentira bárbara e injusta, golpeando a propios y extraños, equiparable a la mediocridad de cualquier video viral destinado a hundir o encumbrar al político de turno.

Es cierto que en los chats familiares se cuela información sin contrastar, se encumbran a palurdos y se propician críticas huecas que se desvanecen en el aire. En ese microcosmos virtual, se multiplican las víctimas de la violencia, se magnifican los actos de corrupción que los medios serios tardan meses en investigar, y todo ello sin generar mayor repercusión. El chat de la actualidad, como yo lo llamo, sufre de todos los males que las redes sociales fomentan. Lo irónico es que esta dinámica se orquesta desde las esferas del poder económico, los grandes corporativos y las facciones políticas. Los escándalos se banalizan, las preocupaciones se convierten en exageraciones, las noticias y las palabras se reducen a meras alarmas que solo alcanzan a los "ignorantes". La realidad se difumina, la industria domina, los expertos en "campañas de contraste" triunfan, y los ciudadanos, convertidos en protagonistas involuntarios de un supuesto proceso social transformador, no comprenden el lenguaje que se les dirige, solo reconocen al emisor y establecen una conexión superficial.

Ni el chat de los tíos (inexistente), ni el de las tías, ni las redes sociales, ni los medios oficiales, ni los pagados, ni los independientes pueden contrarrestar la avalancha de clips musicalizados con contenido vacío, diseñados para captar la atención en apenas cinco segundos. Una población ávida de información, vulnerable al algoritmo, que no investiga, no contrasta, no compara. Y esto no es culpa de las tías, sino de la inmediatez y la falta de escrúpulos de quienes mueven los hilos del poder. Es la consecuencia de una sociedad que ha renunciado al pensamiento crítico, seducida por la superficialidad y la gratificación instantánea. Un escenario donde la verdad se diluye en el ruido y la manipulación se convierte en la norma.

Fuente: El Heraldo de México