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13 de mayo de 2025 a las 19:35
Ciberacoso: La pesadilla de Mariana
La adolescencia, una etapa de por sí compleja llena de cambios y descubrimientos, se ve aún más intrincada en la era digital. Las redes sociales, omnipresentes en la vida de los jóvenes, se han convertido en un arma de doble filo. Si bien ofrecen conexión y entretenimiento, también pueden ser un caldo de cultivo para la ansiedad y la depresión, especialmente en aquellos adolescentes que ya lidian con estos problemas. El reciente estudio publicado en Nature, basado en una encuesta a más de 3,000 adolescentes en Reino Unido, arroja luz sobre esta preocupante realidad.
La investigación revela que los jóvenes con ansiedad y depresión pasan significativamente más tiempo en redes sociales, casi una hora más al día que sus pares sin estos trastornos. Sin embargo, esta mayor exposición no se traduce en una experiencia más gratificante. Al contrario, estos adolescentes reportan menor satisfacción con su vida online, un dato que nos invita a reflexionar sobre la calidad de las interacciones digitales y su impacto en el bienestar emocional. La comparación constante con otros usuarios, la presión por proyectar una imagen idealizada y la exposición a contenido negativo pueden exacerbar los sentimientos de inseguridad, tristeza e incluso desesperanza.
El estudio también destaca la vulnerabilidad de estos jóvenes a las experiencias negativas en línea. Los comentarios, las reacciones a sus publicaciones e incluso la falta de ellas pueden tener un impacto desproporcionado en su estado de ánimo. Esta sensibilidad se ve agravada por la dificultad que experimentan para controlar el tiempo que dedican a las redes sociales, atrapados en un ciclo vicioso que alimenta sus problemas de salud mental.
La historia de Mariana, una niña de 13 años que sufrió las consecuencias del ciberacoso, ilustra la cara oscura de las redes sociales. La exposición a un grupo online donde se compartían imágenes y comentarios denigrantes sobre sus compañeros la afectó profundamente, llevándola a rogar a sus padres por un cambio de escuela. Su experiencia, aunque dolorosa, subraya la importancia de la supervisión parental y la necesidad de educar a los jóvenes sobre los riesgos del mundo digital.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) en México confirma la tendencia global al alza en los casos de depresión y ansiedad entre adolescentes. El aumento en los pensamientos suicidas, especialmente entre las mujeres jóvenes, es una señal de alarma que exige atención inmediata. Si bien las redes sociales no son la única causa de estos problemas, su influencia es innegable.
La clave para abordar esta problemática radica en la prevención y la intervención temprana. Educar a los jóvenes sobre el uso responsable de las redes sociales, fomentar la comunicación abierta con padres y educadores, y promover estrategias para regular el tiempo de pantalla son pasos cruciales. Asimismo, es fundamental fortalecer los servicios de salud mental para brindar apoyo a los adolescentes que ya experimentan ansiedad y depresión. La tecnología puede ser una herramienta poderosa, pero es nuestra responsabilidad asegurarnos de que se utilice de manera que promueva el bienestar y no lo perjudique. El futuro de nuestros jóvenes depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México