13 de mayo de 2025 a las 05:55
¡Alerta! Cierre en Insurgentes Norte por protesta.
La indignación y la desesperación se palpan en el aire denso de la noche capitalina. El rugir de los cláxones se mezcla con los gritos de justicia de casi sesenta personas, padres, alumnos y personal de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc, quienes han tomado las calles, paralizando la vital arteria que es Insurgentes Norte a la altura de Eje 1 Norte. Sus rostros, iluminados por las luces parpadeantes de los vehículos detenidos, reflejan la angustia de una comunidad que se siente desamparada y traicionada. Exigen la reapertura del plantel, clausurado tras la tragedia que segó la vida del joven Erick Leonardo Terán Torbellín, y la liberación de Angélica “N” y Juan Carlos “N”, directores de la academia, quienes se encuentran detenidos.
El eco de sus voces resuena en los edificios aledaños, un clamor que busca romper la sordera de las autoridades. La frustración es palpable. Inicialmente, la protesta se concentraba en Eje 1 Norte, pero ante la falta de respuesta, la desesperación los empujó a tomar una medida más drástica: bloquear Insurgentes Norte, una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México. Consideran que las autoridades de la alcaldía Cuauhtémoc están “rebasadas” por la situación y exigen una mesa de diálogo directo con autoridades federales. Sienten que su voz no es escuchada, que sus demandas son ignoradas.
El caos vial es monumental. Decenas de unidades del Metrobús de la Línea 1 permanecen varadas, como gigantes de metal atrapados en una telaraña de asfalto y desesperación. El servicio, truncado, opera de forma parcial, dejando a miles de usuarios a la deriva. La imagen es desoladora: pasajeros abandonando los autobuses, caminando a lo largo de Insurgentes, con la incertidumbre pintada en sus rostros. Otros, resignados, esperan dentro de las unidades, con la esperanza de que la situación se resuelva pronto. El tiempo se estira, la paciencia se agota, y la tensión se respira en el aire.
Mientras tanto, la Secretaría de Seguridad Ciudadana, en un intento por mitigar el colapso circulatorio, recomienda a los automovilistas utilizar vías alternas como Circuito Interior, Paseo de la Reforma y Avenida Ricardo Flores Magón. La ciudad, un organismo vivo y palpitante, se ve obligada a modificar su ritmo, a adaptarse a la desesperada protesta de una comunidad que clama justicia.
La sombra de la tragedia se cierne sobre la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc, ubicada en la colonia Santa María la Ribera. El 28 de abril, la noticia del fallecimiento de Erick Leonardo, de tan solo 13 años, durante un campamento en Cuautla, Morelos, conmocionó a la sociedad. La necropsia reveló la brutal verdad: el menor falleció a causa de agresiones físicas. La detención de los directores del plantel fue inmediata, y las acusaciones de maltrato dentro de la institución no se hicieron esperar.
Sin embargo, los manifestantes, con la voz entrecortada por la emoción, defienden la academia. Argumentan que las acusaciones son exageradas, que se ha creado una imagen distorsionada de la realidad. Aseguran que el cierre del plantel afecta a cientos de estudiantes, privandoles de una educación que, según ellos, fomenta la disciplina, el respeto y los valores cívicos. En medio del dolor y la incertidumbre, la comunidad de la Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc lucha por su supervivencia, por el derecho a continuar con su proyecto educativo, y por la liberación de quienes consideran víctimas de un sistema que, a su juicio, no ha escuchado su versión de los hechos. La noche avanza, y la tensión persiste. ¿Se abrirá el diálogo? ¿Se encontrará una solución que satisfaga a todas las partes? El futuro de la academia, y de la comunidad que la rodea, pende de un hilo.
Fuente: El Heraldo de México