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12 de mayo de 2025 a las 09:50

UNAM: ¿Impunidad para acosadores?

La indignación recorre los pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Un eco sordo, pero persistente, que nace de la reciente sanción impuesta a Carlos Villagrán Vélez, trabajador académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, acusado de violencia física y de género contra una estudiante. Ocho días de suspensión sin goce de sueldo. Ocho días que resuenan como una burla cruel ante la gravedad de la acusación. Ocho días que, en lugar de apaciguar la rabia, la avivan como gasolina en un fuego latente.

La imagen de la estudiante, con los moretones aún frescos en su brazo, testimonio silente de la agresión, contrasta con la tibia respuesta de la institución. Un llamado a asamblea, un intento de visibilizar el acoso que se vive en la UNAM, respondido con violencia. ¿Es este el mensaje que la Máxima Casa de Estudios quiere enviar? ¿Que las voces que se alzan contra la injusticia serán silenciadas con la fuerza bruta?

La Defensoría de los Derechos Universitarios, Igualdad y Atención a la Violencia de Género de la UNAM, el organismo encargado de velar por la seguridad y el bienestar de la comunidad universitaria, parece haber fallado en su cometido. Una sanción irrisoria que no solo desprotege a la víctima, sino que también envía un mensaje de impunidad al agresor y a otros potenciales perpetradores. ¿Qué clase de precedente se establece con este tipo de decisiones? ¿Acaso se está normalizando la violencia dentro de los muros de la UNAM?

La Facultad de Veterinaria no es un caso aislado. Es solo la punta del iceberg, un síntoma visible de una enfermedad que corroe las entrañas de la institución. Tendederos con nombres de abusadores, videos en redes sociales, denuncias que se acumulan en los cajones del olvido. Un clamor colectivo que parece perderse en el laberinto burocrático de la universidad. Las estudiantes, hartas de la inacción y la indiferencia, continúan su lucha, alzando la voz en un intento desesperado por ser escuchadas.

Y en medio de este panorama desolador, una figura emerge como un rayo de esperanza: Claudia Sheinbaum Pardo, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y exalumna de la UNAM. Una mujer que conoce de primera mano los pasillos de la universidad, que ha recorrido sus aulas y que ha sido testigo del potencial transformador de la educación. A ella, a la mujer que la UNAM vio crecer, se dirige hoy la mirada de las estudiantes que claman por justicia.

Presidenta Sheinbaum, la universidad que la formó está fallando a sus hijas. Está permitiendo que la violencia se instale en sus aulas, que el miedo silencie las voces de las jóvenes que, como usted en su momento, buscan un futuro mejor a través de la educación. Intervenga, presidenta. Su voz, su influencia, su compromiso con la justicia pueden marcar la diferencia. No permita que la impunidad se convierta en la norma. No deje que el miedo apague la llama de la esperanza en las jóvenes que confían en la UNAM para forjar su futuro. El tiempo de la inacción ha terminado. Es hora de actuar. Es hora de proteger a las estudiantes. Es hora de que la UNAM recupere su esencia como un espacio seguro y libre de violencia.

Fuente: El Heraldo de México