12 de mayo de 2025 a las 09:30
Transforma tu vida hoy
Hace veinticinco años, la imagen de una mujer liderando una empresa era una rareza, una anomalía en el paisaje corporativo. Hoy, si bien celebramos el avance innegable, con mujeres ocupando posiciones de liderazgo en diversos sectores, es crucial reconocer que el camino hacia la equidad aún se extiende ante nosotras. No se trata simplemente de ocupar un puesto directivo, sino de ejercer un liderazgo transformador, un liderazgo que desafíe las estructuras establecidas y promueva un cambio real. El poder no reside únicamente en el título, sino en la capacidad de influir, de inspirar y de moldear un futuro más inclusivo y sostenible.
Desde mi propia trayectoria, fusionando las estrategias financieras con la sostenibilidad, he comprobado de primera mano el valor incalculable de la diversidad. No solo enriquece la perspectiva estratégica, aportando una multiplicidad de enfoques y soluciones innovadoras, sino que también humaniza a las organizaciones, haciéndolas más resilientes y conscientes de los desafíos que enfrentamos como sociedad y como planeta. Una empresa diversa es una empresa preparada para el futuro, capaz de adaptarse a un mundo en constante cambio y de responder a las necesidades de un mercado cada vez más complejo.
Las redes de apoyo entre mujeres, la mentoría y, fundamentalmente, el desarrollo de la autoconfianza, han sido pilares esenciales en nuestro desarrollo profesional. Sin embargo, para acelerar el paso hacia la igualdad, necesitamos que las empresas trasciendan la visión de la inclusión como una simple tendencia o una cuota que cumplir. Deben comprender que la diversidad no es un acto de caridad, sino una estrategia de negocio inteligente. Numerosos estudios demuestran la correlación directa entre la diversidad en los equipos y un mayor rendimiento, innovación y rentabilidad.
Las mujeres son un motor fundamental de la economía, no solo como profesionales, sino también como consumidoras. Ignorar su perspectiva en la toma de decisiones estratégicas es un riesgo que ninguna empresa puede permitirse. Significa perder la oportunidad de conectar con un segmento crucial del mercado y de comprender sus necesidades y aspiraciones. La inclusión, por lo tanto, no es solo una cuestión de justicia social, sino un imperativo económico para las empresas que buscan prosperar en el siglo XXI.
Para lograr un cambio tangible y duradero, es indispensable que las organizaciones asuman un compromiso real con la creación de entornos laborales equitativos. Esto implica ir más allá de las palabras y traducir la intención en acciones concretas. Es necesario establecer métricas claras, definir objetivos ambiciosos, monitorear el progreso y realizar ajustes cuando sea necesario. La implementación de procesos de reclutamiento libres de sesgos, políticas que faciliten la conciliación entre la vida personal y profesional, y programas de desarrollo de liderazgo que impulsen el ascenso de mujeres a puestos de alta dirección, son solo algunos ejemplos de las medidas que se deben tomar.
Finalmente, la mejor inversión que podemos hacer es en nosotras mismas. Invertir en nuestro desarrollo personal y profesional, en el conocimiento, en la actualización constante de nuestras habilidades y en la búsqueda de nuestro propósito de vida. Esta inversión es la que nos empodera, la que nos da la fuerza para transformar el status quo y construir un futuro más justo, equitativo y próspero para todas. Un futuro donde la presencia de mujeres en puestos de liderazgo no sea la excepción, sino la norma.
Fuente: El Heraldo de México