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12 de mayo de 2025 a las 23:25

Sismo en Montemorelos: ¿Deformación causó intensidad?

La tierra tembló en Montemorelos, Nuevo León, despertando la inquietud de sus habitantes y trayendo a la memoria el eco de sismos pasados. Un temblor de magnitud 4.5, la misma intensidad registrada en el mismo municipio hace casi dos décadas, en 2004, sacudió la región el domingo 11 de mayo alrededor de las 19:29 horas. La noticia corrió como la pólvora, amplificada por la inusualidad del fenómeno en esta zona del país y por el alcance del movimiento telúrico, perceptible en al menos otros 30 municipios.

Este evento nos invita a reflexionar sobre la sismicidad en el noreste de México, una región donde, si bien no es común, la tierra también se mueve. El Servicio Sismológico Nacional (SSN) registra una historia de temblores en la zona que se remonta a 1975. De hecho, el sismo de mayor intensidad registrado hasta la fecha en el noreste ocurrió en Aldama, Tamaulipas, en 1992, alcanzando una magnitud de 4.8. El sismo de Montemorelos, con sus 4.5 grados, iguala en magnitud a otros eventos registrados en Ciudad Allende en 1986 y en Cadereyta, Nuevo León, en 2013, confirmando que la tierra, bajo la aparente calma, guarda una energía latente.

Más allá de las cifras, la realidad del sismo se traduce en las afectaciones a dos viviendas en Montemorelos. El alcalde, Miguel Ángel Salazar, informó que una de las casas perdió su loza, mientras que en la otra se derrumbaron dos bardas perimetrales, impactando directamente la vida de dos adultos mayores. Estas historias personales nos recuerdan la vulnerabilidad ante las fuerzas de la naturaleza y la importancia de la prevención.

El SSN, en su catálogo de sismos, documenta más de mil temblores en el noreste desde 1975, una cifra que nos invita a cuestionar las causas de estos movimientos telúricos en una región aparentemente alejada de las zonas sísmicas más conocidas. La respuesta, según los expertos, se encuentra en la deformación de la tierra asociada a la Sierra Madre Oriental y a antiguas fallas regionales que aún se mantienen activas. Esta deformación, concentrada en la zona de transición entre la Sierra Madre Oriental y la Llanura Costera del Golfo Norte, en la cuenca de Burgos, es la responsable de la actividad sísmica en la región.

La geología nos proporciona más detalles: la cuenca de Burgos está compuesta por rocas sedimentarias formadas entre el Jurásico tardío y el Cretácico, deformadas posteriormente por la orogenia Laramide, un proceso geológico ocurrido entre 80 y 40 millones de años atrás. Estas antiguas rocas, testigos silenciosos de la historia de nuestro planeta, son las protagonistas de los movimientos telúricos que, aunque infrecuentes, nos recuerdan la dinámica constante de la Tierra.

Ante estos eventos, la información y la prevención son nuestras mejores herramientas. Conocer la historia sísmica de nuestra región, entender las causas de los temblores y estar preparados para actuar en caso de un evento sísmico son medidas cruciales para protegernos y minimizar los riesgos. La tierra habla, y es nuestro deber escucharla.

Fuente: El Heraldo de México