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12 de mayo de 2025 a las 19:35
Reforma ciega: alternativas viales
La incertidumbre se palpa en el aire, un aire denso y cargado de la energía de decenas de voces que buscan ser escuchadas. En el corazón palpitante de la Ciudad de México, en el primer cuadro, donde la historia se entrelaza con la modernidad, un grupo de personas invidentes y con debilidad visual alza la voz. No se trata de una protesta ruidosa, sino de una firme demanda de justicia y respeto a los acuerdos preestablecidos que les permiten ganarse la vida dignamente en el laberinto subterráneo del Metro de la CDMX.
Sus bastones, extensiones de sus sentidos, golpean rítmicamente el pavimento, marcando el compás de su lucha. Provenientes de diversos colectivos, unidos por una causa común, estos hombres y mujeres, integrantes de la Asociación Mexicana por el trato humano, social, material y cultural de los invidentes y débiles visuales, entre otros, se congregaron en la calle de Soto con el eje 1 Norte, un punto estratégico, un punto de partida para un camino que esperan los conduzca a la solución.
Sus rostros, curtidos por las adversidades, reflejan la determinación de quienes conocen la lucha de cerca. No piden limosnas, exigen el derecho al trabajo, a la inclusión, a la dignidad. El Metro, ese gigante de acero que recorre las venas de la capital, se ha convertido en su fuente de sustento, en un espacio donde, a pesar de las limitaciones, pueden desenvolverse con autonomía y contribuir a la sociedad.
Los acuerdos, firmados con anterioridad, son la base de su petición. Acuerdos que, según denuncian, no se están cumpliendo. Acuerdos que les garantizaban la posibilidad de continuar laborando en las instalaciones del Metro, ofreciendo diversos servicios a los usuarios. La incertidumbre sobre su futuro laboral se cierne como una sombra amenazante, poniendo en riesgo su estabilidad económica y la de sus familias.
¿Qué sucederá con ellos si se les niega la posibilidad de trabajar? ¿Cómo podrán sostenerse a sí mismos y a sus seres queridos? Estas son las preguntas que resonaban en el aire, mientras los representantes de las autoridades capitalinas se acercaban a dialogar. La esperanza se mezclaba con la desconfianza, la paciencia se agotaba ante la falta de respuestas concretas.
El diálogo, lento y a veces tenso, se prolongó por horas. Las voces de los invidentes y débiles visuales, cargadas de emoción contenida, exigían una solución definitiva. No se trataba solo de palabras, sino de hechos, de acciones que demostraran el compromiso de las autoridades con la inclusión y el respeto a los derechos de las personas con discapacidad.
La lucha apenas comienza. El camino hacia la justicia y la igualdad de oportunidades es largo y empinado. Pero estos hombres y mujeres, con la fuerza que les da la unión y la convicción de sus derechos, están dispuestos a seguir adelante, a seguir alzando la voz hasta ser escuchados, hasta que se les garantice el derecho a un trabajo digno y a una vida plena. El eco de sus bastones resonará en las calles de la ciudad, un recordatorio constante de que la inclusión no es un privilegio, sino un derecho fundamental.
Fuente: El Heraldo de México