Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Religión

12 de mayo de 2025 a las 12:15

León XIV: La Guadalupana en su corazón

La noticia resonó como un trueno en Chiclayo, un eco que se extendió desde la Avenida Augusto B. Leguía hasta el corazón de cada chiclayano: Robert Francis Prevost, el obispo que caminó entre ellos, que compartió sus misas y su fe, ahora se sentaba en el trono de San Pedro. Un orgullo casi paternal se apoderó de la ciudad, la misma que lo vio celebrar misa cada 12 de diciembre en la aún inconclusa Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, un templo levantado ladrillo a ladrillo con la fe y el esfuerzo de una comunidad que ahora se sentía bendecida por la divina providencia. Chiclayo, antaño un punto en el mapa, ahora brillaba en el mundo, un pequeño rincón del Perú elevado a la categoría de cuna papal.

La historia se teje con los hilos de la memoria colectiva, con los recuerdos de quienes compartieron momentos, aunque breves, con el ahora León XIV. Ana Paula Aurich, chiclayana de pura cepa, nos comparte la anécdota familiar, el testimonio de su abuela, una mujer de fe inquebrantable que, como tantas otras, contribuyó con su granito de arena a la construcción de la parroquia. Las ventas de comida, las actividades para recaudar fondos, todo un esfuerzo comunitario que ahora cobra un significado especial, una historia que se contará de generación en generación. La imagen de la abuela de Ana Paula, asistiendo a misa diariamente, se convierte en un símbolo de la devoción chiclayana, una devoción que encontró en Prevost un guía, un pastor que supo conectar con la calidez y la sencillez de la gente.

Más allá de las anécdotas personales, se respira en Chiclayo un sentimiento de pertenencia, un orgullo compartido por la doble nacionalidad del Pontífice. Su DNI peruano, un documento que lo une a esta tierra, se ha convertido en un tesoro, una prueba tangible de su vínculo con el Perú. Las fotografías, cada una más latina y peruana que la anterior, circulan con la velocidad del rayo, compartidas en redes sociales y en conversaciones de café, un testimonio gráfico de la vida de Prevost en Chiclayo, de su inmersión en la cultura local, de su adopción del espíritu norteño, donde el ceviche es religión y la chifa, un placer cotidiano.

La sorpresa, la incredulidad inicial ante la noticia, se transformó rápidamente en júbilo. Muchos, como la joven que recibió la confirmación de manos de Prevost, recordaron de pronto aquel encuentro, un instante que ahora cobraba una dimensión histórica. "¿Él no fue el que me dio la confirmación?", se preguntan con asombro, un asombro mezclado con la alegría de haber compartido un momento sagrado con quien ahora lidera la Iglesia Católica. La historia de Chiclayo y la de León XIV se entrelazan, unidas por la fe, por la devoción a la Virgen de Guadalupe y por el espíritu indomable del norte peruano. Un capítulo inesperado que se escribe con letras de oro en la historia de esta ciudad, un capítulo que comienza con el aroma del ceviche y el sabor de la chifa, y culmina con el repicar de las campanas que anuncian al mundo el milagro chiclayano: un Papa casi peruano.

Fuente: El Heraldo de México