12 de mayo de 2025 a las 03:25
Justicia para las Madres: La Voz de Mónica Güicho
Un susurro recorrió el Monumento a la Madre en Tecate. No era el viento, sino la esperanza que se dibujaba en los rostros de las mujeres reunidas. Allí, entre el aroma a tierra mojada y la fuerza de sus historias, Mónica Güicho, candidata a ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, número 15 en la boleta morada, se convertía en un eco de sus voces. Abogadas, madres, mujeres guerreras, tejiendo una red de solidaridad en torno a la justicia. No se trataba de discursos vacíos, sino de un diálogo profundo, un intercambio de miradas que hablaban de la necesidad de un México donde la justicia deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho palpable. “Su voz merece ser escuchada”, resonaron las palabras de Güicho, no como una promesa política, sino como un compromiso personal. La voz de esas madres, curtidas por la lucha, resonó con la fuerza de un trueno, un trueno que exigía ser escuchado en el más alto tribunal del país.
El mercado sobre ruedas, un hervidero de colores y aromas, se transformó en un espacio de encuentro. Entre los puestos de frutas, verduras y artesanías, Mónica Güicho caminaba, no como una figura distante, sino como una vecina más. Escuchaba atentamente las preocupaciones de la gente, los retos del día a día, la necesidad de una justicia que no se quedara en los libros, sino que se tradujera en acciones concretas. Cada mano estrechada, cada historia compartida, alimentaba la convicción de que la justicia debe tener rostro humano, un rostro que refleje la diversidad y las necesidades del pueblo.
En Tijuana, la jornada adquirió un matiz aún más profundo. Un grupo de madres buscadoras, con la fuerza desgarradora de la ausencia, solicitó un encuentro con la candidata. Sus ojos, llenos de un dolor inmenso, se encontraron con la mirada empática de Mónica Güicho. No hubo protocolos ni formalismos, solo la crudeza de la realidad y la promesa de una Suprema Corte que no les dé la espalda. "La justicia no puede ser una promesa lejana", afirmó Güicho con la voz cargada de emoción, "debe ser una realidad presente, urgente y empática". Sus palabras no fueron un simple consuelo, sino un compromiso inquebrantable con la búsqueda de la verdad y la reparación del daño.
El recorrido por Tijuana, al final del día, se convirtió en un símbolo. Cada saludo, cada conversación, era una reafirmación de la convicción de que la justicia debe tener oídos atentos, especialmente para quienes han sido invisibilizadas, silenciadas, olvidadas. En este 10 de mayo, Día de las Madres, Mónica Güicho no solo honró a las madres que crían y cuidan, sino también a aquellas que buscan, exigen y no se rinden. Porque un país verdaderamente justo es aquel que escucha a sus madres, aquel que reconoce su lucha y les brinda el apoyo que necesitan para encontrar la verdad y la justicia que merecen. La lucha de estas madres es la lucha de todos, y la justicia que ellas buscan es la justicia que construirá un México más digno y humano.
Fuente: El Heraldo de México