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12 de mayo de 2025 a las 22:15

Justicia para ellas: 70 años por feminicidio en CDMX.

La violencia contra las mujeres, una lacra que persiste en nuestra sociedad, vuelve a sacudirnos con dos nuevos casos que, si bien han culminado en sentencias condenatorias, nos recuerdan la imperiosa necesidad de redoblar esfuerzos en la prevención y erradicación de este flagelo. Dos historias, dos escenarios distintos, pero un mismo denominador común: la agresión brutal contra mujeres en el ámbito doméstico, ese espacio que debería ser sinónimo de seguridad y protección.

En el primer caso, la tragedia se tiñe de un matiz aún más oscuro, el del parricidio. Jorge “N” pasará 70 años tras las rejas por el feminicidio de su propia madre. Un acto de violencia extrema que nos deja sin aliento, que nos obliga a cuestionarnos los cimientos mismos de la convivencia familiar. La investigación revela la brutalidad del ataque: heridas mortales en el cuello que acabaron con la vida de la mujer, cuyo cuerpo fue hallado sepultado en el patio de su propia casa, en la colonia Triunfo de la República, alcaldía Gustavo A. Madero. Un intento desesperado por ocultar el crimen que, sin embargo, no pudo silenciar el clamor de justicia. Setenta años de prisión, un castigo ejemplar que busca reflejar la gravedad del delito, pero que jamás podrá reparar el daño irreparable causado a la familia y a la sociedad en su conjunto. Este caso nos interpela, nos exige reflexionar sobre la importancia de la salud mental, de la detección temprana de conductas violentas y de la creación de redes de apoyo que permitan a las víctimas romper el silencio y buscar ayuda antes de que sea demasiado tarde.

En el segundo caso, la justicia ha condenado a Arturo “N” a 20 años y cuatro meses de prisión por tentativa de feminicidio. Una discusión, un arrebato de ira, un arma punzocortante… La violencia machista se manifiesta de múltiples formas, y en este caso, la rápida intervención de las autoridades evitó un desenlace fatal. La víctima, atacada por su expareja en la alcaldía Iztapalapa, logró pedir auxilio a elementos policiales que detuvieron al agresor en flagrancia. Este caso pone de manifiesto la crucial importancia de la denuncia y de la respuesta inmediata de las fuerzas de seguridad. La valentía de la víctima al buscar ayuda, sumada a la eficacia policial, impidió que la tentativa se convirtiera en una tragedia. Sin embargo, la sentencia, si bien justa, no borra las cicatrices físicas y emocionales que este acto de violencia ha dejado en la víctima.

Más allá de las condenas, estos casos nos invitan a una profunda reflexión como sociedad. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Cómo podemos construir un futuro libre de violencia contra las mujeres? La educación en igualdad, la deconstrucción de roles y estereotipos de género, la creación de espacios seguros para las víctimas y el fortalecimiento de las instituciones encargadas de perseguir y sancionar estos delitos son piezas clave en este complejo puzzle. No podemos permitir que la violencia machista siga cobrándose vidas, siga destrozando familias, siga minando la esperanza de un futuro mejor. Es un compromiso de todos, una responsabilidad compartida que exige acciones concretas y una firme voluntad de cambio. El silencio nos hace cómplices, la indiferencia nos convierte en parte del problema. Alcemos la voz, denunciemos la violencia, construyamos juntos una sociedad donde las mujeres puedan vivir libres y seguras.

Fuente: El Heraldo de México