Inicio > Noticias > Reflexiones personales
12 de mayo de 2025 a las 09:30
Hilos invisibles: historias que conectan
El peso de las palabras de don Miguel, aún retumba en mis oídos. "El alma de un buen abogado sigue estando en el silencio con el que escucha". Una frase lapidaria, pronunciada con la autoridad que le conferían años de experiencia y un puro eternamente prendido entre sus labios. Recuerdo la escena: la tensión palpable tras una junta plagada de egos desbordados, el peso de doscientos folders en mis brazos, la figura imponente de don Miguel deteniéndome en el umbral de la sala, y esa mirada… o mejor dicho, la ausencia de ella, porque nunca me miró directamente al pronunciar su sentencia. En aquel entonces, al inicio de mi carrera, sus palabras me parecieron un enigma más en el complejo mundo legal. Hoy, con el paso del tiempo, comprendo la profunda sabiduría que encerraban. Escuchar, verdaderamente escuchar, es un arte perdido en la vorágine de la vida moderna. Don Miguel, con su peculiar forma de ser, me enseñó una lección invaluable: la importancia de la observación, de la introspección, del silencio como herramienta para comprender el mundo y a quienes lo habitan.
Y luego, cerca del final de su tiempo en la oficina, otra frase, esta vez teñida de una melancolía casi poética: "Le va a pasar esto, ya lo verá: alguien con quien apenas compartió pasillos se le va a quedar en el alma como si hubieran sido familia". ¿Se refería a sí mismo? Nunca lo sabré. Pero la certeza de sus palabras resonó en mí con una fuerza inesperada. Porque es cierto. Hay personas que, sin formar parte de nuestro círculo íntimo, dejan una huella imborrable en nuestra memoria. Son esas conexiones inesperadas, fugaces, que tejen hilos invisibles en el tapiz de nuestra vida.
Nos aferramos a los vínculos visibles, los que podemos mostrar al mundo: familiares, amigos, compañeros de trabajo. Los celebramos, los fotografiamos, los compartimos en redes sociales como prueba de su existencia y, quizás, como un reflejo de nuestra propia identidad. Son los lazos que nos sostienen, nos inspiran, nos acompañan en el camino. Pero existen otros vínculos, más sutiles, más profundos, que se tejen en la intimidad del alma. Son conexiones que escapan a la lógica, que desafían el tiempo y la distancia. Se construyen en los márgenes de la vida, en los silencios compartidos, en las miradas cómplices.
Pienso en esas amistades de la infancia, esas que persisten a pesar de los años y las circunstancias. Un encuentro fortuito, una llamada telefónica, y la sensación de que el tiempo no ha transcurrido. Son refugios del alma, espacios donde podemos ser nosotros mismos, sin máscaras ni pretensiones. Nos recuerdan quiénes somos, de dónde venimos, y nos ayudan a conectar con esa esencia que a veces olvidamos en el trajín diario.
También están esos amores, o esbozos de amores, que nunca se nombran en voz alta. Experiencias que viven en la penumbra, entre la realidad y la fantasía, pero que dejan una huella indeleble en nuestro ser. Un aroma, una canción, un lugar, y el recuerdo emerge con la fuerza de lo vivido. Son testigos silenciosos de nuestra capacidad de amar y de ser amados.
En el ámbito profesional, he aprendido que los vínculos implícitos son el verdadero motor de un equipo. No se trata solo de cumplir objetivos, sino de la confianza tácita, del respeto mutuo, de la admiración silenciosa que se construye entre colegas. Es saber que hay alguien que te respalda, que comparte tu visión, que te impulsa a crecer. Son lazos invisibles que fortalecen la cohesión del grupo y marcan la diferencia entre un equipo funcional y uno excepcional.
Hoy elijo honrar esos vínculos que no se ajustan a los moldes convencionales. Aquellas personas que, sin estar presentes físicamente, continúan influyendo en mis decisiones, en mi forma de ver el mundo. A quienes se fueron, pero dejaron una parte de sí mismos en mi memoria. A todos aquellos que, sin saberlo, han contribuido a formar la persona que soy hoy. Porque la vida es un tejido complejo de relaciones, y son esos hilos invisibles, los que le dan profundidad y significado.
Fuente: El Heraldo de México