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12 de mayo de 2025 a las 09:40

El Papa León XIV: ¿Un líder moderno?

La noche del 8 de mayo de 2025 quedará grabada en mi memoria. Llegar a Santa Marta y encontrar a los cardenales electores en un ambiente de expectación, con los ecos de las deliberaciones aún resonando en los muros, fue una experiencia singular. Mientras mi esposa y yo, vestidos de manera informal tras la larga espera en la Plaza de San Pedro, nos acercábamos a la mesa de recepción, la atmósfera vibraba con una energía palpable. No nos dimos cuenta en ese instante, absorbidos por la solemnidad del momento, que estábamos rodeados únicamente por la jerarquía eclesiástica. Ningún laico, ningún colaborador a la vista. Un guardia suizo, imponente en su uniforme tradicional, custodiaba una pequeña puerta lateral. Intercambiamos algunas palabras con él, comentarios banales que ahora parecen insignificantes ante la magnitud de lo que estaba a punto de suceder.

De pronto, la puertecita se abrió y emergió una figura vestida de blanco. León XIV. Mi jefe durante los últimos dos años, el cardenal Robert Prevost, transformado. La misma persona, sin duda, pero revestido de una autoridad y una presencia que lo trascendían. La impresión fue tan profunda que aún hoy, al recordarla, un escalofrío me recorre la espalda. Durante el tiempo que trabajé a su lado, pude apreciar su integridad, su firmeza moral. Un norteamericano con un corazón profundamente latinoamericano, capaz de tender puentes entre culturas y sensibilidades. El Papa Francisco, con su característica visión, lo había designado para liderar el Dicasterio para los Obispos y presidir la Pontificia Comisión para América Latina. Días antes, en una audiencia, habíamos conversado sobre algunos asuntos pendientes que requerían la aprobación del nuevo Papa. Nunca imaginamos que sería él quien ocuparía la silla de Pedro.

El 8 de mayo de 2025, una fecha que resonará en los anales de la historia. Un cónclave breve, casi como un soplo del Espíritu Santo, y la elección del cardenal Prevost como León XIV. Un nombre cargado de simbolismo, una evocación directa a León XIII, el Papa de las encíclicas sociales, el que se atrevió a desafiar el statu quo y a proponer una nueva mirada sobre la relación entre la Iglesia y el mundo moderno. León XIII, el defensor de la República en Francia, el que supo interpretar los signos de los tiempos y renovar el pensamiento católico a través del estudio de Santo Tomás de Aquino. Un Papa que no rehuyó las controversias, que se enfrentó con valentía a las corrientes que pretendían moldear el cristianismo a su conveniencia, y que reivindicó la naturaleza sacramental de la Iglesia, su vitalidad, su conexión con lo divino.

No me sorprendería que León XIV, inspirándose en su predecesor del siglo XIX, en el espíritu del Concilio Vaticano II y en el legado transformador del Papa Francisco, se embarque en una misión similar: reafirmar la fuerza del Evangelio en un mundo complejo y cambiante. Sus palabras desde el balcón de San Pedro, su llamado a la "construcción de puentes", resonaron con una fuerza esperanzadora. "Pontífice", constructor de puentes. Qué imagen más elocuente para nuestro tiempo, un tiempo que clama por la reconciliación, por el derribo de los muros de la vergüenza y la construcción de caminos de fraternidad entre las personas y los pueblos. Un tiempo que necesita, más que nunca, la sabiduría y la guía de un pastor como León XIV.

Fuente: El Heraldo de México