12 de mayo de 2025 a las 09:45
El auge de la derecha global
La sombra de una nueva era se cierne sobre Occidente. No se trata de un fantasma del pasado, sino de una reinterpretación, una reescritura de la historia que busca anclarse en la nostalgia de una época dorada, una época que, para muchos, nunca existió. El mantra de la "civilización occidental" resuena cada vez con más fuerza, no como un simple concepto académico, sino como un grito de guerra, una bandera bajo la cual se agrupan movimientos que comparten una visión del mundo en la que el progreso y la diversidad se perciben como amenazas.
Este resurgimiento de los nacionalismos, especialmente en Europa y América, no es un fenómeno aislado. Es una red, un entramado de ideas y discursos que se alimentan mutuamente, con conexiones que se extienden a través del Atlántico. La "guerra cultural" es el campo de batalla, y la defensa de una supuesta "civilización occidental" es el estandarte. Pero, ¿qué civilización occidental se defiende? ¿La de la Ilustración, con sus valores de razón y libertad? ¿O una versión idealizada, una quimera construida sobre la supremacía de una cultura y una religión?
El caso de Estados Unidos es paradigmático. El movimiento MAGA, surgido en torno a la figura de Donald Trump, ha trascendido la mera defensa de un líder político. Se ha convertido en un movimiento cultural, una cruzada por la preservación de una identidad que se percibe como amenazada. La retórica de la "civilización occidental" se utiliza como un escudo contra los cambios demográficos, contra la diversidad cultural y contra el avance de los derechos de las minorías. Este discurso, amplificado por medios de comunicación afines, cala hondo en un sector de la población que se siente desplazado, olvidado por las élites y temeroso del futuro.
La idea de un choque de civilizaciones, propuesta por Samuel Huntington en los años 90, ha encontrado un nuevo eco en estos movimientos. La inmigración, la globalización y la diversidad se presentan como fuerzas disgregadoras, como amenazas a la cohesión social y a la identidad nacional. Se busca un regreso a un pasado idealizado, a una sociedad homogénea y jerárquica, donde los roles estaban claramente definidos y la tradición se imponía sobre la innovación.
La conexión entre el movimiento MAGA y la derecha europea es innegable. Figuras como Steve Bannon han actuado como puentes, exportando ideas y estrategias a partidos nacionalistas en Hungría, Italia, Austria y otros países. La defensa de la "civilización occidental" se convierte así en un lenguaje común, una plataforma que une a movimientos que comparten una visión del mundo basada en la defensa de la tradición, la familia nuclear y la identidad nacional.
Sin embargo, esta visión del mundo no está exenta de contradicciones. La defensa de la libertad y el Estado de derecho, principios fundamentales de la civilización occidental, se combina con una retórica excluyente y discriminatoria. Se rechaza la diversidad y se promueve la homogeneidad, olvidando que la riqueza de Occidente reside precisamente en su pluralidad cultural y en su capacidad de adaptación y cambio.
La nostalgia por la década de 1950, presentada como una época dorada, ignora las profundas desigualdades y discriminaciones que existían en aquel entonces. Se idealiza un pasado que, para muchos, fue una época de opresión y silencio. La verdadera defensa de la civilización occidental no reside en la construcción de muros y en la negación del progreso, sino en la reafirmación de sus valores fundamentales: la libertad, la igualdad, la justicia y el respeto a la dignidad humana. El desafío consiste en construir un futuro inclusivo y próspero, donde la diversidad sea una fuente de fortaleza y no una amenaza.
Fuente: El Heraldo de México