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12 de mayo de 2025 a las 09:30

Domina tu confianza: ¡De impostora a imparable!

En el vertiginoso mundo actual, donde la exigencia nos persigue como una sombra, es fácil caer en la trampa de la autocrítica implacable. Nos bombardean constantemente con mensajes que nos instan a ser más, a lograr más, a alcanzar la perfección inalcanzable. Y en esa carrera desenfrenada, la voz que celebra nuestros triunfos a menudo queda silenciada, eclipsada por el coro de dudas y reproches que nos recuerdan todo lo que aún nos falta. Es como si lleváramos un peso invisible, una mochila llena de "deberías" y "tendrías que haber".

Este fenómeno, tan común que casi lo normalizamos, alimenta al escurridizo síndrome del impostor, esa voz insidiosa que nos susurra al oído que no somos lo suficientemente buenos, que nuestros logros son producto de la suerte o la casualidad, y que tarde o temprano seremos descubiertos como un fraude. Nos atrapa en un laberinto de inseguridad, donde cada error se magnifica y se convierte en una prueba irrefutable de nuestra supuesta incompetencia.

Pero, ¿qué pasaría si decidiéramos bajar el volumen de esa voz crítica y, en cambio, amplificáramos la voz de la autoconfianza? Esa voz que reconoce nuestro valor, que celebra nuestros avances, por pequeños que sean, y que nos recuerda el camino recorrido, las dificultades superadas y la fuerza que reside en nuestro interior.

Cultivar la autoconfianza es un acto de rebeldía en una sociedad que nos empuja constantemente a la comparación. Nos comparamos con el éxito ajeno, con la velocidad a la que otros alcanzan sus metas, con la aparente perfección de sus vidas, y nos sentimos insuficientes. Sin embargo, la comparación no tiene por qué ser un arma de doble filo. Como bien apunta Mel Robbins, podemos transformarla en una herramienta poderosa si la enfocamos desde la consciencia y la compasión.

En lugar de ver al otro como una amenaza, podemos verlo como una fuente de inspiración, como un espejo que refleja las posibilidades que también tenemos a nuestro alcance. Preguntarnos qué podemos aprender de su experiencia, qué estrategias o hábitos podemos adaptar a nuestra propia realidad, nos permite crecer sin necesidad de anularnos a nosotros mismos.

La clave está en recordar que cada uno de nosotros transita un camino único, con sus propios ritmos, desafíos y circunstancias. Compararnos con otros, sin tener en cuenta la complejidad de nuestras historias individuales, es como comparar manzanas con naranjas. No tiene sentido.

Construir la autoconfianza es un proceso gradual, un camino que se recorre paso a paso. Implica reconocer nuestras fortalezas, aceptar nuestras debilidades y celebrar cada pequeño logro como una victoria. No se trata de eliminar la duda por completo, sino de aprender a convivir con ella, a ponerla en su lugar y a seguir avanzando a pesar de su presencia. Es un acto de valentía, de amor propio y de confianza en nuestro potencial. Y es, sin duda, la mejor inversión que podemos hacer en nuestro bienestar presente y futuro.

Fuente: El Heraldo de México