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12 de mayo de 2025 a las 09:25

Celebra a Mamá: Un tributo especial

El amor de una madre trasciende cualquier barrera, incluso la física. Aunque ya no podamos abrazarlas, su presencia permanece viva en cada recuerdo, en cada enseñanza, en cada gesto que aprendimos de ellas. Ese amor incondicional, ese apoyo inquebrantable, sigue floreciendo en nuestros corazones día tras día, como una semilla que se nutre de la gratitud y la admiración. Mi madre, Doña Martha, era un torbellino de cariño y fortaleza. La recuerdo con una sonrisa, evocando los distintos apodos cariñosos con los que la gente la llamaba: Marthita, La Jefa, Momma, Doña… cada uno reflejaba una faceta de su personalidad multifacética. Ella fue el pilar de nuestra familia, la roca que nos sostuvo durante los largos periodos en los que mi padre, Don José Sulaimán, viajaba por el mundo construyendo el legado del Consejo Mundial de Boxeo.

Doña Martha no solo fue madre, sino también padre para nosotros durante esos años. Su entrega era total, su amor incondicional. Nuestra casa era un crisol de culturas y personalidades, un hogar abierto para todos. Mi hermana Lucy guarda una lista, casi interminable, de las personas que encontraron refugio bajo nuestro techo: desde jóvenes boxeadores amateur sin recursos, hasta familiares pasando por momentos difíciles, amigos de mis hermanos y un sinfín de personajes entrañables. Era común llegar de la escuela y encontrarnos en la sala a figuras legendarias del boxeo como Muhammad Ali, Don King, Larry Holmes, Sugar Ray Leonard, Julio César Chávez, Roberto “Mano de Piedra” Durán y Oscar de la Hoya, compartiendo la mesa y la conversación con mi padre. Pero también recibíamos con la misma calidez al boxeador más humilde, al entrenador desconocido que buscaba el consejo de Don José. Para mi madre, todos eran bienvenidos.

Doña Martha era una dama en toda la extensión de la palabra: discreta, respetuosa, con una chispa de humor que cautivaba a todos. Incluso aquellos que no hablaban español conectaban con ella a un nivel profundo. Aún conservamos una libreta llena de sus chistes y dichos, frases ingeniosas que solía usar en el momento justo, alegrando cualquier reunión. Era una mujer de recursos, capaz de resolver cualquier imprevisto con serenidad y eficacia. Jamás preocupó a mi padre durante sus viajes, a pesar de los sucesos importantes que a veces ocurrían.

Como abuela, era simplemente incomparable. Cada uno de sus 14 nietos se sentía el “consentido”. Tenía secretos, consejos y regalos especiales para cada uno: libros para Josesito, gomitas y “escuincles” para Morito, anillos y aretes para Vale… Su amor se multiplicaba con cada nueva generación, abrazando a todos por igual.

Las madres juegan un papel fundamental en el mundo del boxeo, un rol silencioso pero poderoso. Son la motivación, el alimento, la inspiración. El sueño de muchos púgiles es ganar lo suficiente para comprarle una casa a su mamá. Recuerdo el caso de Doña Chabelita, la madre de Julio César Chávez, siempre cerca de su hijo, con ese amor incondicional que solo una madre puede brindar. Fue ella quien, preocupada por la salud de Julio, llamó a mi padre pidiendo ayuda. También recuerdo a Doña Anita, la madre de Ricardo “Finito” López. Ella llamó a mi padre preguntándole si su hijo tenía futuro en el boxeo, pues sufría mucho al verlo pelear. Mi padre, tras consultar con Arturo “El Cuyo” Hernández, le aseguró que Ricardo tenía un gran talento. Doña Anita le agradeció profundamente y le pidió que cuidara de su hijo. Un mes después, falleció. Desde entonces, Ricardo siempre tuvo la cercanía y el apoyo de mi padre. Incluso Floyd Mayweather, a pesar de sus millonarias peleas, mantenía la tradición de cenar con su madre después de cada combate. Las esposas de los boxeadores, madres a su vez, también cumplen un rol crucial, permitiendo que sus esposos se concentren en sus campamentos con la tranquilidad de saber que sus hijos están bien cuidados en casa.

Las mujeres, en todas sus facetas, son lo más hermoso que existe, y merecen ser celebradas no solo el 10 de mayo, sino todos los días del año. Su amor, su fuerza, su entrega, son el motor del mundo.

Para terminar, quisiera compartir una peculiaridad del reglamento del WBC. Existe una regla que nunca se ha aplicado en una pelea de campeonato mundial, y que dudo que se haya aplicado en cualquier otro tipo de pelea: el doble nocaut. Es decir, que ambos peleadores caigan a la lona y no se levanten antes de la cuenta de diez. Para el WBC, en ese caso se declara un empate. Para otros organismos, es un combate nulo o sin decisión. Es una situación tan improbable como la escena de Rocky y Apollo Creed, donde Rocky se levanta y Apollo no.

Recordando a mis padres, recuerdo un viaje que hicieron a Túnez. Don José consideraba renunciar al Consejo Mundial de Boxeo, decepcionado por el rumbo que estaba tomando el boxeo. Durante ese viaje, mientras mi madre recorría la ciudad, el intérprete le comentó que el rezo que se escuchaba por los altavoces era por Sulaimán, pidiendo su elección para el puesto deseado. Al regresar al hotel, mi madre se encontró con mi padre, recién electo presidente del Consejo Mundial de Boxeo. El destino, a veces, tiene caminos misteriosos.

Fuente: El Heraldo de México