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12 de mayo de 2025 a las 05:55

Alerta en Acapulco: Broma desata caos policial

La tarde del 11 de mayo, la tranquilidad de Acapulco se vio interrumpida por un escalofriante reporte: una supuesta granada abandonada en las inmediaciones del Instituto Estatal de Cancerología. La noticia corrió como pólvora, generando una ola de incertidumbre y temor entre la población. Inmediatamente, se activó un operativo de emergencia que involucró a las tres esferas de gobierno. Imaginen la escena: la avenida Ruiz Cortines, una arteria vital en la parte alta de la ciudad, completamente cerrada al tráfico. La tensión se palpaba en el aire mientras agentes del Escuadrón para Desactivar Explosivos del Ejército Mexicano, equipados con sus trajes especiales, se acercaban cautelosamente a tres cajas de zapatos apiladas. Una de ellas portaba una siniestra advertencia: "No abrir esta caja, al hacerlo estaría activando un explosivo, una granada".

El reporte, recibido a través del número de emergencias 911, alertaba sobre la presencia de estas cajas frente al hospital oncológico, un lugar donde la vulnerabilidad de los pacientes, desde niños hasta adultos mayores, es palpable. Mientras los expertos trabajaban contra reloj, la Policía Vial desviaba el tráfico y personal de la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional y la Fiscalía General del Estado establecían un perímetro de seguridad. La prioridad era clara: proteger a la población de una potencial explosión. Dentro del hospital, el personal médico activaba los protocolos de seguridad, preparándose para cualquier eventualidad. La incertidumbre y la angustia se apoderaban de pacientes y familiares, quienes seguían con atención el desarrollo de los acontecimientos.

Finalmente, tras minutos que parecieron eternos, los especialistas lograron abrir la caja con la inquietante inscripción. El alivio se extendió entre los presentes al descubrir el contenido: un simple par de tenis. La falsa alarma desató una mezcla de alivio e indignación. Si bien el peligro había sido descartado, la irresponsabilidad de quien orquestó esta broma macabra era evidente. Las autoridades iniciaron de inmediato una investigación para dar con los responsables, quienes deberán responder por el pánico generado y el despliegue innecesario de recursos.

Este incidente nos recuerda la importancia de la responsabilidad ciudadana. Una broma de mal gusto puede tener consecuencias graves, generando miedo, caos y desvío de recursos que podrían ser utilizados para atender verdaderas emergencias. También pone de manifiesto la eficiencia y la coordinación de las fuerzas de seguridad, que actuaron con rapidez y profesionalismo para proteger a la población. Aunque en esta ocasión se trató de una falsa alarma, la experiencia sirve como recordatorio de la importancia de estar preparados y de la necesidad de colaborar con las autoridades para garantizar la seguridad de todos. ¿Qué medidas se pueden implementar para prevenir este tipo de incidentes en el futuro? ¿Cómo podemos fomentar una cultura de responsabilidad en el uso de los servicios de emergencia? Estas son preguntas que debemos plantearnos como sociedad para evitar que situaciones como esta se repitan.

Fuente: El Heraldo de México