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11 de mayo de 2025 a las 23:45

Peligro: ¿Cara de niño? Actúa YA

Las lluvias traen consigo un misterio que emerge de las profundidades de la tierra: los enigmáticos "cara de niño". Con sus robustas patas, gran cabeza y penetrantes ojos negros, estos insectos despiertan curiosidad y, en algunos, un poco de temor. Su peculiar rostro, de forma ovalada con ojos prominentes, les ha valido el nombre popular que los asocia con la inocencia de un bebé. Sin embargo, detrás de esa apariencia se esconde una fascinante historia natural que vale la pena explorar.

Olvidemos los mitos y las leyendas urbanas. Contrario a la creencia popular, los "cara de niño", cuyo nombre científico es Stenopelmatus, no son venenosos. Carecen de glándulas o mecanismos para producir veneno. Si bien su mordida, propiciada por unas mandíbulas poderosas diseñadas para triturar materia orgánica, puede ser dolorosa, sólo ocurre como un mecanismo de defensa ante una amenaza. No buscan atacar, sino protegerse. Imaginen la fuerza que necesitan para romper las raíces y tubérculos que constituyen su alimento principal.

Pertenecientes a la familia Stenopelmatidae, estos insectos comparten parentesco con los grillos, lo que explica que a veces se les llame "grillos de Jerusalén". Sin embargo, es importante aclarar que no son grillos, sino una especie distinta con características propias. Su actividad se concentra en la noche, cuando la oscuridad les brinda el cobijo necesario para realizar su laboriosa tarea de remover la tierra en busca de alimento.

Este incansable trabajo subterráneo, aunque invisible a nuestros ojos, resulta fundamental para la salud del suelo. Al excavar sus túneles y galerías, los "cara de niño" contribuyen a la aireación del sustrato, favoreciendo la oxigenación y el crecimiento de las plantas. En este sentido, se convierten en aliados silenciosos de la vida vegetal, trabajando incansablemente en las profundidades para mantener el equilibrio del ecosistema.

La temporada de lluvias marca un hito en la vida de estos insectos. Las intensas precipitaciones inundan sus hogares subterráneos, obligándolos a emerger a la superficie en busca de refugio. Es también en esta época cuando la necesidad de reproducción los impulsa a salir al exterior, buscando pareja para perpetuar su especie. Por ello, es común encontrarlos en nuestros jardines o patios durante los días lluviosos.

Si se topa con un "cara de niño" en su camino, no se alarme. Recuerde que no representan un peligro real. Simplemente, están buscando un lugar seco donde resguardarse o una pareja con la que iniciar una nueva generación. Observe su peculiar anatomía, admire su fuerza y respete su espacio. En lugar de temerles, aprendamos a convivir con estos fascinantes habitantes del subsuelo, reconociendo su importante papel en el equilibrio de la naturaleza. Su presencia, aunque a veces sorpresiva, es un recordatorio de la rica biodiversidad que nos rodea y de la importancia de cada ser vivo, por pequeño que sea. Así que, la próxima vez que vea un "cara de niño", respire hondo, observe y maravíllese con la complejidad de la vida que palpita bajo nuestros pies.

Fuente: El Heraldo de México