11 de mayo de 2025 a las 16:35
Paz para Ucrania: El ruego del Papa
Un sol radiante bañaba la Plaza de San Pedro, como bendiciendo la llegada de un nuevo pastor. Cien mil almas, un mar de rostros expectantes, aguardaban la primera aparición del Papa León XIV desde el emblemático Balcón de la Logia central de la Basílica. A las doce en punto, la figura del Santo Padre emergió, recibida por un clamor unánime: "¡León! ¡León!". Un grito que resonó en el corazón de la cristiandad, un eco de esperanza en tiempos turbulentos.
La Providencia, en su infinita sabiduría, quiso que este primer encuentro coincidiera con el Domingo del Buen Pastor, una fecha cargada de simbolismo. "Un don de Dios", así lo definió el propio León XIV, con una humildad que conmovió a los presentes. Sus palabras, impregnadas de una profunda espiritualidad, recordaron la importancia de la guía divina en el camino de la Iglesia, una Iglesia que, como un rebaño, necesita del Pastor para encontrar el verdadero camino.
En un gesto de cercanía y reconocimiento, el Papa se dirigió a las bandas de música y artistas presentes, agradeciéndoles su contribución a la alegría de la celebración. "Alegran la fiesta de Cristo, el Buen Pastor", afirmó con una sonrisa, destacando el papel del arte como vehículo de fe y esperanza. La música, ese lenguaje universal que trasciende fronteras y culturas, se convirtió en un himno de alabanza, un canto de unidad en la diversidad.
Con una mirada paternal, León XIV se dirigió a los jóvenes, esa generación llamada a construir el futuro. "No tengan miedo", les instó, invitándoles a aceptar el llamado de Cristo y de la Iglesia. Un mensaje de aliento en un mundo lleno de incertidumbres, una llamada a la valentía y a la esperanza en medio de las dificultades.
La sombra de la guerra, sin embargo, se cernía sobre la celebración. Con la voz firme y serena, el Papa reiteró el llamamiento por la paz, recordando el "dramático escenario actual de una tercera guerra mundial en vilo", como lo había advertido su predecesor. "¡Nunca más la guerra!", exclamó con vehemencia, un grito que resonó en la conciencia del mundo, un llamado urgente a la reconciliación y al diálogo.
Su corazón, visiblemente conmovido, se volcó hacia el sufrimiento del pueblo ucraniano. "Llevo en el corazón su sufrimiento", confesó, pidiendo que se haga todo lo posible para alcanzar una paz verdadera, justa y duradera. Una paz que permita el regreso de los prisioneros y la reunificación de las familias, una paz que devuelva la esperanza a una nación herida.
La mirada del Papa, cargada de dolor, se dirigió también hacia la Franja de Gaza, donde la violencia desatada causaba estragos. "Me entristece profundamente lo que está ocurriendo", lamentó, exigiendo un cese al fuego inmediato y la liberación de los rehenes. Un llamado a la humanidad, una súplica por el respeto a la vida y la dignidad humana.
Finalmente, en un gesto de ternura, el Papa quiso recordar a todas las madres del mundo, enviándoles un afectuoso saludo y una oración. "Feliz Día de la Madre", exclamó con cariño, un homenaje a la figura materna, fuente de amor y vida.
La primera aparición del Papa León XIV dejó una huella imborrable en los corazones de los presentes. Un mensaje de esperanza en tiempos de incertidumbre, un llamado a la paz y a la unidad, un testimonio de fe y amor. Un nuevo pastor ha llegado, y su voz, firme y serena, resuena ya en el mundo entero.
Fuente: El Heraldo de México