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11 de mayo de 2025 a las 23:05
Novio de Tatiana da nueva pista sobre su desaparición
La angustia se palpa en el aire de Cartagena. Veinte días. Veinte días desde que Tatiana Alejandra Hernández, estudiante de medicina, se desvaneció como un suspiro en la brisa marina. Veinte días que se convierten en una eternidad para su familia, para su novio David Espitia, y para todos aquellos que se aferran a la esperanza de encontrarla sana y salva. Las hipótesis se entrelazan, se contradicen, se desdibujan como las olas que bañan la playa donde se encontraron sus pertenencias: unas sandalias y un teléfono celular, mudos testigos de una desaparición que ha conmocionado al país.
David, con la voz entrecortada por la preocupación, rompe el silencio desde Bogotá, la ciudad que lo separa de Tatiana y que ahora se siente más distante que nunca. Sus palabras pintan la imagen de una joven tranquila, sin indicios de angustia o amenaza. Una conversación telefónica horas antes de la desaparición, la última conexión con la realidad que él recuerda, no revelaba ninguna señal de alarma. "Si hubiera sido así, me lo habría dicho", repite con la convicción de quien conoce a su amada. Dos meses sin verse, la distancia impuesta por la residencia médica de Tatiana en Cartagena, añaden un matiz de impotencia a su relato. La espera, la incertidumbre, se convierten en un tormento que lo consume.
La versión de los compañeros de estudio añade otra capa de complejidad al misterio. El estrés, la necesidad de "tomar aire", fueron las últimas palabras que escucharon de Tatiana antes de verla caminar hacia el mar. Un mar que se ha convertido en el foco de la búsqueda, en la metáfora de una angustia profunda que amenaza con tragarse toda esperanza. Las autoridades rastrean las aguas, buscan incansablemente alguna pista, algún rastro que pueda arrojar luz sobre el paradero de la joven. Pero el mar, hasta ahora, guarda silencio.
El abogado de la familia, Antonio Hernández, con la experiencia que le otorgan años de investigación, descarta la hipótesis del suicidio. Su intuición, afilada por el análisis de los hechos, apunta hacia un escenario más oscuro: el secuestro. La posibilidad de que Tatiana esté retenida contra su voluntad, en manos desconocidas, abre un nuevo frente de investigación, una nueva línea de angustia que se extiende como una sombra amenazante.
Mientras tanto, la búsqueda continúa. En el mar, en la tierra, en los corazones de quienes se niegan a perder la esperanza. Cada día que pasa sin noticias de Tatiana es un golpe que resuena en la conciencia colectiva. La incertidumbre se convierte en un clamor que exige respuestas. ¿Dónde está Tatiana? ¿Qué pasó con ella aquella tarde en la playa de Bocagrande? Preguntas que flotan en el aire, a la espera de una respuesta que se resiste a llegar. La investigación sigue su curso, cada pista, cada testimonio, cada detalle, son piezas de un rompecabezas que aún no se completa. La esperanza, a pesar del tiempo transcurrido, se mantiene viva, como una llama que se niega a extinguirse en la oscuridad.
Fuente: El Heraldo de México