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11 de mayo de 2025 a las 20:35

El iPhone Medieval

Imagine un mundo sin GPS, sin relojes digitales, sin aplicaciones de astronomía. En la Edad Media, la respuesta a todas estas necesidades se encontraba en un solo y fascinante instrumento: el astrolabio. Recientemente, la Dra. Federica Gigante, historiadora de la Universidad de Cambridge, ha desempolvado de los anaqueles del Museo Miniscalchi-Erizzo en Verona una joya que había permanecido inadvertida durante siglos: un astrolabio andalusí de aproximadamente mil años de antigüedad. No se trata de un astrolabio cualquiera, sino de una pieza excepcional que nos habla de un pasado vibrante de intercambio cultural y científico.

Este astrolabio, probablemente forjado en la prestigiosa Toledo, cuna del saber en la España medieval, se presenta en un estado de conservación asombroso. Lo que lo hace aún más especial son las inscripciones que lo adornan. Originalmente grabadas en árabe, testimonio de su origen en Al-Ándalus, el instrumento presenta también anotaciones en hebreo y numeración occidental. Imaginen las manos que lo sostuvieron, los ojos que lo escudriñaron, las mentes que lo interpretaron a lo largo de los siglos. Musulmanes, judíos y cristianos, todos dejaron su huella en este objeto, convirtiéndolo en un símbolo tangible de la convivencia y la fertilización cruzada de ideas que caracterizaron a la Edad Media.

La Dra. Gigante, en una entrevista concedida a la Universidad de Cambridge, describe el hallazgo como una "muestra palpable de cómo el conocimiento era compartido, adaptado y enriquecido entre distintas comunidades". Y es que este astrolabio es mucho más que un simple instrumento de medición. Es un testimonio del flujo constante de saberes que recorría el Mediterráneo, conectando Oriente y Occidente.

¿Qué hacía tan especial al astrolabio? Su versatilidad era asombrosa. Como un auténtico "smartphone" medieval, permitía calcular la hora a partir de la posición de las estrellas, orientarse geográficamente en tierra o mar, e incluso determinar la dirección de La Meca para las oraciones islámicas. Pensémoslo bien: un solo dispositivo que reunía las funciones de un reloj, un GPS, una brújula y un mapa celeste.

Este astrolabio islámico, datado del siglo XI, fue concebido inicialmente para usuarios musulmanes. Sin embargo, su utilidad trascendió las fronteras religiosas y culturales. A lo largo de los siglos, fue adaptado, traducido y corregido por hablantes de hebreo y de lenguas occidentales en España, el norte de África e Italia. Las placas intercambiables, que permitían ajustar el instrumento a la latitud de ciudades como Córdoba y Toledo, y las posteriores modificaciones para su uso en el norte de África, demuestran su largo periplo y su amplia difusión geográfica.

Más allá de sus funciones prácticas, el astrolabio también se utilizaba en el ámbito de la astrología para la elaboración de horóscopos y la predicción del futuro. Esta multifuncionalidad lo convierte en un precursor de los dispositivos "todo en uno" que dominan nuestra era digital.

El redescubrimiento de este astrolabio andalusí nos invita a reflexionar sobre la riqueza del pasado y la importancia del intercambio cultural. Un objeto que parecía olvidado en una vitrina de museo se revela ahora como un portal a una época fascinante, recordándonos que la ciencia y el conocimiento no tienen fronteras.

Fuente: El Heraldo de México