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10 de mayo de 2025 a las 06:10

Eva de Gyvés: Jueces corruptos, ¡tiemplen!

La desconfianza ciudadana en el sistema judicial es una herida abierta que urge sanar. No podemos ignorar el clamor popular que resuena en las calles, denunciando la aplicación injusta de sentencias y la conducta inapropiada de algunos juzgadores. Esta situación, que lastima profundamente a la sociedad y mina la fe en la justicia, exige una respuesta contundente y eficaz. No podemos permitir que la impunidad se instale en los tribunales, socavando los principios fundamentales del Estado de Derecho.

La necesidad de un cambio profundo en el Poder Judicial es innegable. Requerimos magistrados con una sensibilidad excepcional, capaces de comprender las necesidades y preocupaciones de la ciudadanía. Jueces que no solo apliquen la ley con rigor, sino que también lo hagan con empatía y justicia, escuchando con atención las voces de quienes buscan amparo en los tribunales. La transparencia y la rendición de cuentas deben ser los pilares de una nueva era judicial, donde la corrupción y la negligencia no tengan cabida.

Es crucial que los futuros magistrados del Tribunal de Disciplina Judicial actúen con mano dura ante las faltas cometidas por los juzgadores. No podemos tolerar que conductas inapropiadas queden impunes, perpetuando la desconfianza y el descontento social. Se requiere una investigación exhaustiva de cada queja, y en caso de comprobarse las irregularidades, se deben aplicar las sanciones correspondientes sin titubeos. La ejemplaridad debe ser la norma, para que la ciudadanía recupere la confianza en un sistema judicial justo e imparcial.

La experiencia en materia penal, enfrentando casos complejos y tomando decisiones difíciles, forja un carácter firme y resolutivo. Esta experiencia es invaluable a la hora de analizar las quejas contra los juzgadores y determinar las medidas disciplinarias necesarias. No se trata de una "mano dura" arbitraria, sino de una actuación justa y enérgica, basada en la evidencia y el apego a la ley. El objetivo es claro: erradicar la impunidad y garantizar que los juzgadores actúen con rectitud y profesionalismo.

La coherencia entre el decir y el hacer es fundamental para un magistrado. La responsabilidad que conlleva el cargo exige una actuación íntegra y transparente, donde las decisiones se tomen con base en la justicia y el derecho. Cada firma estampada en una sentencia debe reflejar la convicción de estar actuando correctamente, buscando siempre el bienestar de la sociedad y la defensa de los derechos fundamentales. La imparcialidad y la ética deben ser las guías en cada actuación judicial.

La reforma judicial es una oportunidad para reconstruir la confianza de la ciudadanía en el Poder Judicial. Los jueces deben comprender que su forma de actuar debe cambiar. El trato digno y respetuoso al personal y al público es esencial. La accesibilidad y la claridad en la explicación de los procesos judiciales son fundamentales para que la gente comprenda sus derechos y obligaciones. No se trata de engañar ni de manipular, sino de orientar y brindar justicia con imparcialidad. El cambio debe ser profundo y permanente, para que el Poder Judicial sea un pilar sólido de nuestra democracia.

Fuente: El Heraldo de México