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10 de mayo de 2025 a las 23:05
Esperanza en Reforma: Madres buscan a sus hijos
El eco de sus voces resonaba en el corazón de la ciudad. "Hijo, escucha, tu madre está en la lucha", un grito desgarrador que se repetía, un lamento colectivo que se elevaba desde el Monumento a la Madre, transformado en un altar de ausencias. Decenas de madres, provenientes de todos los rincones del país, unidas por el dolor y la esperanza, se congregaban una vez más, como cada año desde 2012, en una peregrinación por la justicia, por la verdad, por sus hijos desaparecidos. Sus rostros, marcados por la angustia y el cansancio, reflejaban la incansable búsqueda, la lucha contra la indiferencia, la batalla contra el olvido. En sus manos, las fotografías de sus hijos ausentes, rostros congelados en el tiempo, testimonios silenciosos de una tragedia nacional.
Las pancartas, llenas de nombres e imágenes, se convertían en estandartes de una lucha compartida. Consignas de búsqueda y verdad acompañaban cada paso, cada abrazo, cada lágrima derramada. Desde Coahuila hasta Chiapas, desde Guerrero hasta el Estado de México, las madres buscadoras se encontraban, compartían historias, se fortalecían mutuamente en el dolor. Un abrazo solidario, un gesto de comprensión, un bálsamo ante la herida que nunca cierra. "Entre nosotras nos damos ánimo", compartía Rocío, con la voz quebrada por la emoción, "es muy difícil perder a un hijo, a un familiar, pero no desistimos, aunque el camino no es fácil, aunque a veces todo está en nuestra contra".
La breve ceremonia religiosa que siguió al encuentro fue un espacio de recogimiento, una pausa en la lucha para pedir por la paz, por la verdad, por la pronta resolución del conflicto que aqueja a miles de familias mexicanas. "No tenemos nada que celebrar", confesaba María, madre de ocho personas desaparecidas, con una mirada cargada de dolor. "Tenemos rabia y dolor. No deberíamos estar aquí, deberíamos poder festejar con nuestros hijos, pero hoy ya no están y no sabemos su paradero".
Su marcha continuó hacia el Ángel de la Independencia, sembrando a su paso hojas de búsqueda en los postes y estatuas de Paseo de la Reforma, convirtiendo la ciudad en un inmenso mural de la memoria. Cada hoja, un grito silencioso, una súplica desesperada, un recordatorio de la tragedia que azota al país. Dieciséis años de manifestaciones, dieciséis años de lucha incansable, y cada año se suman más madres a esta dolorosa procesión. "A ninguna madre le deseo pasar su día así", compartía Alejandra, con la voz llena de tristeza. "Hay algunas de aquí que ya tienen información del paradero de sus hijos, pero siguen viniendo por solidaridad. Y hay otras que llegan nuevas, porque perdieron a sus hijos recientemente, y esas son las que nos dan mucha tristeza, pero juntas somos más fuertes".
En medio del dolor y la desesperanza, un rayo de luz: el anuncio de la colocación de un memorial de las familias buscadoras de Jalisco en la Glorieta de las y los Desaparecidos. Un espacio para la memoria, un lugar para el recuerdo, un símbolo de la lucha que continúa, un homenaje a la fuerza y la perseverancia de estas madres que no se rinden, que no olvidan, que siguen buscando a sus hijos, aunque el camino sea largo y esté lleno de obstáculos. Su lucha es la lucha de todos, su dolor es el dolor de un país que clama por justicia y por verdad.
Fuente: El Heraldo de México