10 de mayo de 2025 a las 22:00
Alerta: Síntomas del Hígado Graso
La creciente sombra del hígado graso se extiende sobre México y el mundo, uniéndose a la preocupante lista de enfermedades crónicas que afectan a nuestra población. El Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores nos alertaba el año pasado sobre la prevalencia de enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer, y ahora, el hígado graso emerge como un nuevo desafío, estrechamente ligado al incremento de la obesidad, un problema que la Mayo Clinic identifica como particularmente relevante en Occidente y Oriente Medio.
¿Por qué es tan importante hablar de hígado graso? Porque, al igual que la hipertensión, es una enfermedad silenciosa, que a menudo se desarrolla sin síntomas evidentes. Este carácter asintomático dificulta su detección temprana, lo que a su vez puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento, permitiendo que la enfermedad avance y cause daños significativos. El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK) subraya la importancia de distinguir entre los dos tipos principales de hígado graso: el hígado graso alcohólico, derivado del consumo excesivo de alcohol, y el hígado graso no alcohólico, cuyas causas son más complejas y multifactoriales.
En el caso del hígado graso no alcohólico, la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, los niveles elevados de lípidos en sangre (dislipidemia) y el síndrome metabólico se entrelazan como factores de riesgo. Imaginen una red, donde cada uno de estos factores representa un hilo, y cuantos más hilos se entrecruzan, mayor es el riesgo de desarrollar esta enfermedad.
Aunque el hígado graso puede no manifestar síntomas claros, es fundamental estar atentos a ciertas señales. Fatiga persistente, malestar o dolor en la parte superior derecha del abdomen, pérdida de peso inexplicable, náuseas y debilidad pueden ser indicios de que algo no anda bien. No se trata de alarmarse ante cualquier molestia, sino de escuchar a nuestro cuerpo y consultar a un profesional de la salud ante la presencia de estos síntomas.
La genética también juega un papel, como revela un estudio publicado en el World Journal of Gastroenterology. Sin embargo, el sobrepeso y la obesidad siguen siendo los principales culpables, ya que los altos niveles de grasa en sangre, como el colesterol y los triglicéridos elevados, contribuyen significativamente al desarrollo de la enfermedad.
La esteatohepatitis no alcohólica (EHNA), una forma grave de hígado graso no alcohólico, representa un peligro aún mayor. La acumulación excesiva de grasa en el hígado provoca inflamación y daño hepático, pudiendo progresar a fibrosis, cirrosis e incluso insuficiencia hepática. MedlinePlus, una fuente confiable de información médica, advierte que la EHNA puede incluso aumentar el riesgo de cáncer de hígado.
Ante este panorama, la prevención y la detección temprana son cruciales. Mantener un peso saludable, realizar ejercicio regularmente, seguir una dieta equilibrada y controlar los niveles de colesterol y triglicéridos son medidas esenciales para proteger nuestro hígado. Además, las revisiones médicas periódicas son fundamentales para identificar cualquier anomalía y recibir el tratamiento adecuado. No dejemos que el silencio del hígado graso nos tome por sorpresa. Informémonos, cuidemos nuestra salud y consultemos a un profesional ante cualquier duda o síntoma. Nuestro hígado, un órgano vital para nuestro bienestar, nos lo agradecerá.
Fuente: El Heraldo de México