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9 de mayo de 2025 a las 04:00

Sheinbaum y Navarro con el Pueblo Wixárika

Un viento de justicia sopló este jueves sobre las tierras ancestrales del pueblo Wixárika en Nayarit. La presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, junto al gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, no fue una visita más, sino un acto cargado de simbolismo y significado, un hito en la lucha por la restitución de tierras que por siglos les fueron arrebatadas. Imaginen la emoción palpable en la comunidad de Mesa de Huanacaxtle, en el municipio de La Yesca, al escuchar las palabras de la presidenta, confirmando la devolución de casi 6 mil hectáreas a San Sebastián Teponahuaxtlán y su anexo Tuxpan. No se trata solo de tierra, se trata de la recuperación de la identidad, del arraigo, de la posibilidad de un futuro digno en el territorio que les pertenece por derecho ancestral.

Más de mil 547 millones de pesos invertidos no son una cifra fría, sino la materialización de un compromiso profundo con la justicia social. Es la inversión en un futuro donde los caminos dejan de ser brechas y se convierten en vías de desarrollo; donde la electricidad ilumina hogares y escuelas; donde el agua, fuente de vida, llega a cada rincón; donde la salud y la educación son derechos accesibles y no privilegios. Es la construcción de clínicas, escuelas, centros culturales, espacios para las mujeres indígenas, un tejido social que se fortalece con cada obra, con cada servicio que se brinda.

El reconocimiento de los lugares sagrados no es un detalle menor, es la comprensión de una cosmovisión milenaria, el respeto a una espiritualidad que se entrelaza con la tierra, con los cerros, con las veredas. Es la validación de una cultura que ha resistido el paso del tiempo y que hoy se alza con fuerza, con la dignidad recuperada.

La promesa de una Tienda del Bienestar en Mesa de Huanacaxtle es la promesa de acceso a medicamentos, a la salud, al bienestar tangible para cada miembro de la comunidad. Es la cercanía del Estado, la mano tendida que ofrece soluciones concretas a las necesidades más apremiantes.

Las instrucciones de la presidenta a sus funcionarios para atender las peticiones en materia de educación y la continuidad de las obras de caminos no son palabras al viento, sino el compromiso de un gobierno que escucha, que dialoga, que trabaja en conjunto con las comunidades para construir un futuro mejor.

La vuelta de la presidenta para completar la restitución de las 10 mil hectáreas prometidas no es una posibilidad, es una certeza. Es la continuidad de un proceso de justicia que no se detiene, que avanza con paso firme hacia la reparación histórica.

El Plan de Justicia del Pueblo Wixárika es más que un plan, es un testimonio del nuevo federalismo, un federalismo solidario, inclusivo, profundamente humano. Es el reconocimiento de que el gobierno representa al pueblo, y que en ese pueblo se incluyen, con voz propia y derechos inalienables, los pueblos originarios. Es la construcción de un México donde la diversidad se celebra, donde la inclusión es una realidad y donde la justicia, finalmente, llega a quienes por tanto tiempo se les negó. Es un paso firme hacia un futuro donde la palabra se convierte en compromiso cumplido, donde la dignidad se recupera y donde la esperanza florece en el corazón de las comunidades indígenas.

Fuente: El Heraldo de México