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9 de mayo de 2025 a las 09:20

Plan de la Presidenta para Impulsar el PIB

El Producto Interno Bruto (PIB), ese termómetro de la economía nacional, vuelve a ser el centro de atención. Mucho se habla de su importancia, pero ¿realmente comprendemos su significado y cómo impacta en nuestras vidas? Los economistas Michael Parkin y Eduardo Loria nos lo definen como el valor de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos en un país durante un periodo determinado, generalmente un año. No solo mide la producción total, sino también el ingreso y el gasto totales, representando una imagen completa del dinamismo económico.

Para entenderlo mejor, imaginemos un ciclo continuo: las familias consumen (C), las empresas invierten (I), el gobierno gasta (G) y el comercio internacional, representado por la diferencia entre exportaciones (X) e importaciones (M), completa la ecuación. Esta fórmula, Y=C+I+G+(X-M), nos muestra cómo cada elemento se interconecta y contribuye al PIB.

En México, la administración de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha puesto en marcha una estrategia ambiciosa para impulsar este indicador clave. Se trata de un plan tripartita que busca, por un lado, incrementar las compras gubernamentales en un 10%, inyectando recursos directamente a la economía. Por otro, se pretende sustituir un 10% de las importaciones manufactureras, apostando por la producción nacional y fortaleciendo a los proveedores locales. Finalmente, se busca estimular la demanda interna, incentivando el consumo y la inversión dentro del país.

Las proyecciones son alentadoras: se estima un impacto de 0.7 puntos porcentuales en el crecimiento anual del PIB, la creación de más de 700 mil empleos al año y un impulso significativo a la industria automotriz, consolidándola como motor de crecimiento e integración regional. Estos números, sin duda, pintan un panorama optimista para el futuro económico del país.

Sin embargo, es fundamental recordar que el PIB no lo es todo. Si bien es un indicador crucial del crecimiento económico, no refleja por sí solo el bienestar de la población. Pensadores como Jean Drèze y Amartya Sen nos invitan a mirar más allá del PIB y considerar otras variables como la longevidad, la desnutrición infantil, el acceso a la educación y a servicios públicos, la infraestructura, el desarrollo científico y la movilidad social. Estos elementos, en conjunto, nos ofrecen una visión más completa del progreso y el bienestar de una sociedad.

La Presidenta Sheinbaum, consciente de esta realidad, ha enfatizado la importancia de un crecimiento económico que se traduzca en una mejor calidad de vida para todos los mexicanos. No se trata solo de aumentar el PIB, sino de que ese crecimiento se refleje en empleos bien remunerados, en acceso a servicios de calidad y en un mayor bienestar para las familias. El reciente informe del Banco Mundial, que destaca la reducción de la pobreza en México, es un indicativo de que se está avanzando en la dirección correcta. Sin embargo, el camino aún es largo y requiere de un esfuerzo constante para asegurar que el crecimiento económico sea inclusivo y beneficie a todos los sectores de la sociedad. El reto es grande, pero la voluntad política y la visión a largo plazo son fundamentales para alcanzar un futuro próspero y equitativo para todos.

Fuente: El Heraldo de México