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9 de mayo de 2025 a las 03:25

Pemex: Fuga en Paraíso por ducto roto

La sombra del crudo vuelve a cernirse sobre las costas de Paraíso, Tabasco. Un nuevo derrame de hidrocarburos, proveniente de dos fugas en un ducto de Pemex que conecta la Plataforma Akal-C con la Terminal Marítima de Dos Bocas, ha teñido de negro el futuro inmediato de los pescadores locales. Siete kilómetros de litoral, un lienzo otrora de azules y verdes, ahora muestran la oscura huella del petróleo, un recordatorio amargo de la fragilidad de nuestro ecosistema y la dependencia que aún tenemos de los combustibles fósiles.

Pemex, en un comunicado que busca tranquilizar a la población, asegura haber controlado la situación. Dos abrazaderas metálicas, como pequeños parches en una herida profunda, han sido la solución inmediata para contener el flujo del crudo. Sin embargo, las imágenes hablan por sí solas. Las redes de pesca, impregnadas de aceite, yacen inútiles en la orilla. Los peces muertos, mudos testigos de la tragedia, flotan a la deriva, un presagio de los efectos a largo plazo que este derrame podría tener en la biodiversidad marina.

La bandera negra ondea en las playas de Paraíso, un símbolo de luto por la naturaleza agredida, una advertencia para los bañistas que se mantienen alejados del mar contaminado. Mientras tanto, un ejército de trabajadores, equipados con palas y mangueras, lucha contra el implacable avance del crudo. Una lucha desigual, un esfuerzo titánico por limpiar lo que parece imposible de limpiar. Pemex promete que la limpieza concluirá en las próximas horas, una promesa que resuena hueca ante la magnitud del desastre.

Más allá de la limpieza superficial, se vislumbran las consecuencias económicas y sociales. Los pescadores, con sus manos manchadas de petróleo y sus rostros marcados por la preocupación, ven cómo su sustento se escapa entre sus dedos. La incertidumbre se cierne sobre sus familias, sobre un futuro que ahora se pinta de negro. Pemex, consciente del impacto social, promete dialogar con las comunidades afectadas, busca establecer medidas de prevención y asegura que la actividad pesquera se reanudará lo antes posible. Promesas que, por ahora, no llenan las redes vacías ni calman el hambre de las familias que dependen del mar.

La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) ha sido notificada del incidente. Se espera que se implementen las acciones de remediación necesarias, no solo para limpiar el petróleo visible, sino también para sanar las heridas invisibles que este derrame ha infligido al ecosistema marino. Este nuevo derrame, sin embargo, nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de transitar hacia un modelo energético más sostenible, un modelo que no ponga en riesgo la salud de nuestros océanos ni el futuro de las comunidades que dependen de ellos. La pregunta que queda flotando en el aire, junto con el olor a petróleo, es: ¿cuántos derrames más tendremos que soportar antes de aprender la lección? ¿Cuánto tiempo más seguiremos sacrificando nuestro entorno en el altar de la energía fósil? El tiempo, y el mar, nos darán la respuesta.

Fuente: El Heraldo de México