9 de mayo de 2025 a las 04:30
Orgullo chiclayano: ¡Un Papa peruano!
La alegría desborda las calles de Chiclayo. No es para menos, un hijo adoptivo de la ciudad, el Cardenal Robert Prevost, ahora Su Santidad León XIV, ha ascendido al trono de San Pedro. A pesar de su origen estadounidense, Perú lo reclama como suyo, y Chiclayo, en particular, lo recuerda con un cariño entrañable. Ocho años de labor pastoral dejaron una huella imborrable en esta tierra norteña. No fue un prelado distante, encerrado en la solemnidad de su cargo, sino un pastor cercano a su rebaño, un hombre que supo conectar con la gente, compartiendo sus alegrías y tristezas, sus esperanzas y dificultades. Su sencillez y humildad, valores que hoy se destacan en su figura papal, conquistaron el corazón de los chiclayanos.
Más allá de las misas que oficiaba cada noche a las ocho, resonando con un mensaje profundo y esperanzador, su trabajo se extendió a las periferias, a los migrantes que buscaban un futuro mejor, a los más pobres, olvidados por muchos. Su lucha por la justicia social, su compromiso con los desamparados, son testimonio de una fe viva, encarnada en la realidad. Como agustino, siguiendo los pasos de San Agustín, fundó una parroquia, un espacio de encuentro y comunión, un faro de luz en medio de las dificultades.
La celebración en Chiclayo no es solo por el nombramiento de un Papa, sino por el reconocimiento a un hombre bueno, a un pastor entregado a su grey. Recuerdan su cercanía con la prensa, su disposición a atender a todos, sin distinción alguna. En cada festividad religiosa de la región, allí estaba él, compartiendo la fe y la tradición de un pueblo. Su labor pastoral, intensa y fructífera, tejió lazos de unidad y fraternidad, sembrando semillas de esperanza en un terreno a veces árido.
Su mensaje de paz y unión, tan necesario en estos tiempos convulsos, resonaba con fuerza en cada una de sus homilías. Incluso durante la difícil etapa de la pandemia, Su Santidad, entonces Cardenal Prevost, demostró su compromiso con la comunidad al crear un banco de oxígeno, un gesto concreto de solidaridad que salvó muchas vidas. En una ciudad donde la fe católica es profesada por la gran mayoría de sus habitantes, el legado de León XIV permanecerá vivo, inspirando a las nuevas generaciones a seguir su ejemplo de servicio y entrega.
Hoy, Chiclayo se viste de fiesta, no solo por el orgullo de ver a uno de sus hijos en la cima de la Iglesia Católica, sino por la certeza de que el nuevo Papa llevará consigo los valores que aprendió y practicó en esta tierra norteña: humildad, sencillez, cercanía con el pueblo y un compromiso inquebrantable con los más necesitados. Desde Perú, un país que lo acogió como a uno de los suyos, se eleva una oración por el Papa León XIV, para que su pontificado sea un tiempo de paz, unidad y esperanza para toda la humanidad.
Fuente: El Heraldo de México