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10 de mayo de 2025 a las 01:15

Margarita Cuevas: La tragedia tras 3 años desaparecida

La desaparición de Margarita Cuevas Suárez nos confronta con la dolorosa realidad de miles de familias en México que buscan incansablemente a sus seres queridos. Su historia, marcada por la angustia de la incertidumbre durante casi tres años, destapa las profundas fallas en los sistemas de búsqueda e identificación de personas desaparecidas en nuestro país. La falta de comunicación entre las autoridades de la Ciudad de México y Morelos, el silencio que envolvió el hallazgo de sus restos en Temixco, y la tardía identificación a través del trabajo incansable del Colectivo Una Luz en el Camino, son una muestra de la desatención y la revictimización que sufren las familias en estos procesos.

Imaginemos la desesperación de Roberto Cuevas, su padre, revisando las grabaciones del C5, aferrándose a la última imagen de su hija con vida, entrando a una casa en Xochimilco, para luego desvanecerse en la nada. Pensemos en la angustia de Guadalupe Suárez, su madre, luchando contra el cáncer mientras buscaba sin descanso a Margarita, un doble tormento que finalmente le arrebató la vida sin poder abrazar a su hija una última vez. La cruel ironía del destino quiso que el día en que Margarita fue identificada por sus tatuajes, su madre perdiera la batalla contra la enfermedad, un golpe devastador que pone de manifiesto el impacto emocional y físico que la desaparición forzada tiene en las familias.

El hallazgo del cuerpo de Margarita, con signos evidentes de violencia, nos obliga a cuestionar la profundidad de las investigaciones realizadas. La ausencia de piezas dentales y de una extremidad superior exige una investigación exhaustiva, con perspectiva de género, que agote todas las líneas posibles, incluyendo la posibilidad de un crimen de odio por su pertenencia a la comunidad LGBTIQ+. No podemos permitir que la violencia y la impunidad se normalicen. Es imperativo que las autoridades asuman su responsabilidad y brinden justicia a Margarita y a su familia.

El regreso de Margarita a su hogar en Xochimilco, entre aplausos y porras, es un testimonio de la fuerza y la resiliencia de su comunidad, que la recibió con el amor y el respeto que le fueron negados en vida. El ataúd blanco, rodeado de flores y símbolos de su tierra, representa la esperanza de que su caso no quede impune y se convierta en un llamado a la acción para fortalecer los mecanismos de búsqueda y prevención de desapariciones en México.

La cifra de 128,302 personas desaparecidas en el país es una herida abierta en nuestra sociedad. Cada número representa una historia de dolor, de ausencia, de búsqueda incansable. El caso de Margarita Cuevas Suárez nos recuerda la urgencia de construir un país donde la vida y la dignidad de todas las personas sean respetadas y protegidas. Es un llamado a la solidaridad, a la empatía y a la exigencia de justicia para todas las Margaritas que aún no han regresado a casa. No podemos olvidarlas. Su memoria nos impulsa a seguir luchando por un México donde nadie desaparezca sin dejar rastro.

Fuente: El Heraldo de México