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9 de mayo de 2025 a las 09:35

Influencers y la 4T: ¿Nuevo poder?

El panorama mediático mexicano ha experimentado una transformación innegable en los últimos años, con la irrupción de nuevas figuras y roles que, si bien se presentan bajo el manto del periodismo, a menudo se alejan de su esencia. Más allá de los obvios portavoces del discurso oficial, con sus preguntas pre-fabricadas y sus alabanzas calculadas, emergen actores más sutiles, camuflados bajo una apariencia de análisis objetivo, que merecen un escrutinio más profundo.

Uno de estos especímenes es el "propagandista marrullero". Con una habilidad casi artística para el engaño, teje una crítica superficial, una especie de cosmético disidente, para luego reafirmar la supremacía del régimen actual. Su discurso, cuidadosamente construido, busca apaciguar cualquier atisbo de inconformidad, recordándonos constantemente que, a pesar de las fallas -siempre minimizadas-, no existe alternativa viable. Antes, la figura presidencial personificaba esta garantía, presentándose como un bastión de integridad incorruptible. Hoy, la narrativa se ha sofisticado, pero la esencia permanece: la construcción de una realidad incuestionable.

Otro personaje de este ecosistema mediático es el "consultor-asesor externo-experto en manejo de crisis" reconvertido en columnista y tuitero. Un verdadero malabarista de la ambigüedad, capaz de realizar prodigios de tibieza para no incomodar a ningún bando. Su objetivo es claro: mantener un pie en cada lado del espectro político, con la esperanza de captar jugosos contratos tanto del gobierno en turno como del sector privado. Su discurso, plagado de lugares comunes y llamadas a la unidad, carece de profundidad y se limita a reproducir la narrativa dominante: "la polarización es el enemigo".

No podemos olvidar al "chairo arrepentido", una figura compleja y contradictoria. Desilusionados por la falta de recompensas tras años de lealtad incondicional, estos personajes lanzan ahora dardos envenenados contra algunas figuras del oficialismo. Su motivación es dudosa: ¿genuino arrepentimiento, oportunismo político o simple resentimiento? El tiempo lo dirá.

Finalmente, emerge la figura del "árbitro moral", un personaje que se autoproclama guardián de la ética pública. Desde su púlpito mediático, imparte lecciones de moral a políticos y ciudadanos, condenando cualquier manifestación de disidencia o crítica. Su discurso, impregnado de una supuesta superioridad moral, busca silenciar las voces discordantes y promover una visión uniforme de la realidad.

La preocupación radica en que esta nueva taxonomía mediática, con sus personajes y sus narrativas manipuladoras, parece estar sentando las bases para un control más estricto de la información. La posible aprobación de la Ley de Telecomunicaciones podría agravar esta tendencia, homogeneizando el paisaje mediático y limitando aún más la pluralidad de voces. ¿Será este el preludio de un futuro donde la información esté completamente controlada por el poder? El futuro del periodismo en México pende de un hilo.

Fuente: El Heraldo de México