9 de mayo de 2025 a las 03:00
Inflación y 2026: ¿Bollos en el horno?
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha depositado su confianza en el consumo interno, la generación de empleos y la inversión en sectores estratégicos como los pilares que sostendrán el crecimiento económico de México. Sin embargo, un análisis más profundo revela que estos pilares podrían estar construidos sobre arena movediza. Comencemos con el consumo. Si bien es cierto que un consumo robusto puede impulsar la economía, la realidad mexicana presenta una particularidad preocupante: el creciente peso del consumo de productos importados. Esto significa que una porción cada vez mayor del gasto de los mexicanos no se traduce en un estímulo a la producción nacional, sino que beneficia a empresas extranjeras. En otras palabras, el motor del consumo, en lugar de impulsar el tren de la economía mexicana, está enganchado a un vagón que se dirige a otro destino.
Para que el consumo realmente impulse el crecimiento, los ingresos de las familias deben fortalecerse. Y aquí es donde entra en juego el segundo pilar: la generación de empleo. Lamentablemente, las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) pintan un panorama de estancamiento. El número de personas ocupadas ha permanecido prácticamente inmóvil en los últimos dos años, fluctuando en un rango muy estrecho. Con un mercado laboral estancado, es difícil imaginar un aumento significativo en los ingresos de los hogares, y por lo tanto, un impulso real al consumo interno.
Nos queda entonces el tercer pilar: la inversión en sectores estratégicos. Si bien el gobierno ha puesto énfasis en este rubro, el optimismo oficial choca con una realidad internacional compleja. Las tensiones geopolíticas, la incertidumbre económica global y la persistente inflación han creado un clima de cautela entre los inversionistas. Además, la política monetaria restrictiva, con el aumento de las tasas de interés a nivel global, dificulta el acceso al financiamiento y desincentiva la inversión. En este contexto, esperar un auge inversor que rescate el crecimiento económico parece, cuanto menos, optimista en exceso.
La comparación entre las proyecciones de la SHCP y las de organismos internacionales como la OCDE y el FMI refuerza la sensación de que el optimismo oficial está desvinculado de la realidad. Mientras la SHCP proyecta un crecimiento sostenido, estos organismos prevén una desaceleración, e incluso una posible contracción de la economía mexicana. Ante este panorama, es crucial que la SHCP revise sus proyecciones a la luz de los datos disponibles y las tendencias globales. Insistir en un optimismo infundado no solo es irresponsable, sino que también puede retrasar la implementación de medidas correctivas necesarias para evitar una crisis económica más profunda. Es hora de reconocer que la política económica actual no ha dado los resultados esperados y de buscar soluciones realistas para reactivar el crecimiento y mejorar el bienestar de los mexicanos. El futuro de la economía mexicana no se construye sobre pilares de optimismo, sino sobre cimientos sólidos de realismo y políticas públicas eficaces.
Fuente: El Heraldo de México