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9 de mayo de 2025 a las 09:10
Honra su memoria este 10 de mayo
El eco de sus nombres resuena en el vacío que dejaron: Raúl, Jesús, Gustavo, Luis Armando, Karen… nombres que se convierten en un grito desgarrador en la voz de madres que se niegan a olvidar. María Herrera, doña Mary, personifica la resiliencia frente a la tragedia. Imaginen el dolor multiplicado por cuatro, la angustia de la incertidumbre carcomiendo el alma día tras día. No se rindió. Transformó su dolor en fuerza, su desesperación en acción. De tocar puertas a construir puentes, tejió una red de esperanza para otras familias destrozadas: el Colectivo de Familiares en Búsqueda María Herrera. Un faro en la oscuridad, un testimonio vivo de la lucha incansable por la verdad.
Su historia se entrelaza con la de Miriam Rodríguez, cuya búsqueda solitaria de su hija Karen culminó en un acto de barbarie. Miriam, detective por necesidad, madre coraje, desafió al miedo, se enfrentó a la impunidad. Su valentía pagó el precio más alto. Un recordatorio brutal de que en México, buscar justicia puede ser una sentencia de muerte. El 10 de mayo, Día de las Madres, se convirtió en el día de su funeral, una fecha marcada por la ironía cruel del destino.
Estas dos historias, aunque diferentes, comparten un hilo conductor: la fuerza imparable del amor maternal. Un amor que se transforma en una búsqueda incansable, en una lucha contra un sistema que a menudo parece sordo a sus reclamos. Más de 114,000 familias comparten este calvario, un número que congela la sangre, pero que no refleja el inmenso dolor que se esconde detrás. Cada cifra representa una ausencia, un hueco imposible de llenar, una madre que se niega a rendirse.
Imaginen la escena: bajo el sol implacable, entre la maleza, con palas y picos en mano, escarban la tierra, buscando un rastro, una pista, un "huesito" que les devuelva un fragmento de sus hijos. Marchan con la esperanza como estandarte y la rabia como motor, exigiendo justicia en un país donde a menudo se les niega. En el pasado, se toparon con muros de indiferencia, fueron estigmatizadas, silenciadas. Hoy, se abre una grieta de esperanza con el diálogo con el gobierno, con la promesa de fortalecer la Comisión Nacional de Búsqueda. Pero la verdadera batalla se libra en el terreno, en la búsqueda incansable, en la lucha diaria contra el olvido.
Este 10 de mayo, mientras muchos celebran el amor maternal, ellas seguirán buscando. Con el corazón roto, pero con la determinación intacta. Porque en México, ser madre también significa ser guerrera, significa buscar justicia con las propias manos, significa no rendirse jamás. Nos vemos a las 8 por el 8, para unirnos a su clamor, para exigir que sus voces sean escuchadas, para que la justicia, finalmente, llegue.
Fuente: El Heraldo de México