10 de mayo de 2025 a las 02:00
Elige el orden de los apellidos: Lo que dice la ley
La tradición de anteponer el apellido paterno al materno ha sido, por décadas, una práctica arraigada en nuestra cultura, un eco de una época en la que el rol de la mujer en la sociedad era significativamente distinto al actual. Imaginen la historia familiar, el linaje trazado a través de generaciones, marcado predominantemente por el apellido del padre, una narrativa incompleta que dejaba en la sombra la invaluable contribución de la madre a la identidad familiar. Este legado histórico, si bien forma parte de nuestra identidad, ha comenzado a transformarse, abriendo paso a una nueva era de igualdad y reconocimiento.
En Nuevo León, la posibilidad de elegir el orden de los apellidos de los hijos representa un paso significativo hacia una sociedad más equitativa. Ya no se trata simplemente de seguir la tradición, sino de otorgar a los padres la facultad de decidir cuál apellido, paterno o materno, resonará primero en la identidad de sus hijos. Esta decisión, aparentemente sencilla, lleva consigo una carga simbólica de gran peso, un reconocimiento a la importancia de ambos progenitores en la formación de la identidad de un nuevo ser.
El Código Civil de Nuevo León, en su Artículo 25, abre una ventana a esta posibilidad, estableciendo las condiciones bajo las cuales se puede modificar el orden de los apellidos. Si bien el cambio de nombre propio está sujeto a diversos criterios, la modificación en el orden de los apellidos se centra en un paradigma fundamental: la voluntad conjunta de los padres. Este requisito, esencial para el proceso, refleja la importancia del acuerdo mutuo en una decisión que impactará la vida del menor.
Es crucial entender que este cambio no se trata de una simple inversión de apellidos, sino de una declaración de intenciones, una forma de reconocer la influencia equitativa de ambos padres en la vida de sus hijos. No se busca borrar la historia, sino enriquecerla, tejiendo una narrativa familiar más completa y representativa de la realidad actual.
Esta nueva posibilidad no solo empodera a los padres, sino que también envía un poderoso mensaje a las nuevas generaciones: el valor de ambos linajes, la importancia de la igualdad y el reconocimiento del papel fundamental de la madre en la construcción de la identidad familiar. Es un cambio que resuena más allá del ámbito legal, impactando en la percepción social y contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.
El camino hacia la igualdad es un proceso continuo, y la posibilidad de elegir el orden de los apellidos es un paso firme en esa dirección. Invita a la reflexión sobre nuestras tradiciones, sobre la importancia de adaptarnos a los cambios sociales y sobre la construcción de un futuro donde la igualdad no sea una aspiración, sino una realidad palpable en cada aspecto de nuestras vidas. La identidad de nuestros hijos, reflejo del amor y la unión de dos familias, ahora puede ser representada de una manera más justa y equitativa, un testimonio del progreso y la evolución de nuestra sociedad.
Fuente: El Heraldo de México